Una tarde encerrado con mi novia

1 de Enero de 2016

Cuando empiezo a despertarme, lo primero que siento es la maravillosa fragancia que llena una cama tras de una buena sesión de sexo. Después, percibo la suave piel de quien se remueve en la cama buscando calor. Según empiezo a abrir los ojos, me llegan los recuerdos de la noche anterior y, por ello, no me sorprende encontrar a en la cama de Penny, mi suegra, y en una habitación que no reconocía.

Tengo mi mano derecha en su suave y turgente culo, ella está pegada a mí, buscando inconscientemente el contacto de su piel con la mía.

Este nuevo año parece que será muy interesante, ya que sólo tiene unas pocas horas y ya me despierto en una cama desconocida y con una mujer que no es mi novia.

Los recuerdos de anoche hacen que se despierte mi parte de abajo y sonrió. Me lo pase genial y la fantasía de hacerlo con una madura, más que cumplida. Me sorprendió que fuera Ángela la que me ofreciera ya que tenía pensado en proponerle un trió y así no se sintiera desplazada.

« ¿Cómo estará ella? Me dijo que me cedía a cambio de poder vivir con ella, pero parecía molesta con mi entusiasmo.» Pienso «seguro que no le resultó fácil decidirse. A mí nunca se me ocurriría dejar que mi padre se acostará con ella. Seguro que está muy enfadada conmigo por estar encantado. Será mejor que me levante y me disculpe.»

Me separo lentamente de ella para no despertarla. Cuando salgo del calor de las sabanas, me doy cuenta de que la habitación está fría. Así que la arropo bien con las sabanas y busco mi ropa, pero recuerdo que la tiramos en el salón.

Salgo de la habitación en silencio y voy al salón lo más deprisa que puedo moverme sin hacer ruido. El pasillo está helado y deseo más ponerme la ropa para entrar en calor que para no ir desnudo.

Entro en el salón y encuentro mi ropa colocada encima de la mesa. Alargo el brazo para coger la, cuando, de repente escucho una voz detrás de mí.

—Me encantaría verte más veces así —dice burlona una voz muy familiar.

Me doy la vuelta y esta Ángela apoyada en el marco de la puerta, con una mirada divertida trae dos tazas de café caliente.

—Con este frío no me veras mucho así, pero en verano será casi todos los días — le respondo burlón.

—Pero solo para mí —me dice seductora. Se acerca y me da un beso cariñoso en los labios.

—Vístete o te vas a resfriar y tienes que estar bien para esta tarde —dice traviesa y deja una taza en la mesa al salir del salón.

A primera vista Ángela parecía estar alegre, lo cual me tranquilizo. Pero me surgió la duda de si era el primero que cedía a su madre. «Según me dijo he sido el primer novio que conoce su madre, pero podría ser mentira» pienso «Además ¿estarían dispuestas a hacer un trió? No creó que Ángela aceptara, con lo tímida que es.»

Me visto rápido, cojo la taza y me voy con ella a la cocina. Voy a la cocina y me siento con ella. «Tiene los ojos algo rojos y ojeras, ¿ha estado llorando o no ha podido dormir?» Pienso.

—Bueno de ahora en adelante vas a vivir aquí, vas a estar muy liado —dice con aire de superioridad.

—Por tu tono me da que seré tu esclavo —sonrió.

—Esclavo no, solo mayordomo —responde.

—Bueno al menos tu me pagaras con sexo —digo resignado.

—Vas a dormir en mi habitación, pero tendrás la tuya para que estudies mientras no requiera tus servicios —me informa.

Momentos después aparece Penny, vestida y despeinada, mientras bosteza.

—Buenos días —dice, alegre y adormilada, y se sirve una taza de café.

—Buenas —digo alegre. Después de follar con ella me siento más cercano.

—Buenas —dice Ángela molesta y yo la miro preocupado.

Penny mira a su hija con gesto burlón y le dice — ¿Aún estas enfadada? Ya te lo he dicho, solo le quería para que me limpiara las cañerías —se sienta a mi lado y me mira pícara —y las limpio genial.

No puedo evitar sonreír ante el halago y esto cabrea a Ángela, la cual se levanta y sale de la cocina pisando fuerte.

— ¡Ay, esta chica! —dice suspirando —no pensé que fuera a tener tantos celos conmigo.

«Yo si me esperaba algo así» Pienso.

—Es normal, es la primera vez que me ve con otra y encima esa otra está muy buena —digo con una sonrisa tranquilizadora.

— ¡Qué zalamero eres! —me dice sonriendo y me da un pequeño empujón en el hombro— si sigues por ese camino, puede que la otra quiera volver a pasar la noche contigo— añade traviesa mientras me guiña un ojo. Luego se levanta y contoneándose, sale de la cocina.

Me termino de beber el café que me queda, me levanto y me dirijo a la habitación de Ángela; por el camino veo a Penny en el salón, recogiendo su ropa del suelo.

Cuando llego a la habitación de Ángela, veo a mi novia tirada sobre su cama, bocabajo y mirando un erizo de peluche que le regalé por su cumpleaños antes de ser novios.

Entro y cierro la puerta.

— ¿Sabes que todos tus amigos me dijeron que era un regalo horrible? —le digo cariñoso, mientras voy recorriendo suavemente su cuerpo, con un dedo, desde el talón y voy subiendo lentamente —yo no sabía si te gustaría, pero decías que deseabas tener un erizo, pero son difíciles de conseguir —mi mano llega a su hombro y la hago girar suavemente; Ángela tenía una mirada triste.

—Cuando lo vi pensé que eras el único que me escuchaba, por eso me empecé a fijar en ti como algo más que un follamigo —me dice cariñosa.

Me inclino y la beso tierno, ella me responde a la caricia y me rodea el cuello con los brazos. Mientras nos besamos yo le acaricio las mejillas y me tumbo con ella. Después de un rato muy largo, separa sus labios de los míos y me mira avergonzada.

—Perdona que actúe tan borde y niña —susurra —me da miedo que me cambies por mi madre.

Me río.

—Tranquila, cielo. Tu madre me saca veintisiete años, me gustan las chicas maduras, pero no tanto —digo divertido y sincero —solo fue cosa de una noche y ya.

«Aunque si Ángela me deja, lo consideraría» pienso «pero me siento fatal viéndola así» una parte de mi siente remordimientos por lo ocurrido.

Me sonríe, volvemos a besarnos y el beso se va haciendo más intenso por momentos. Mis manos van desde su cara a su cintura, colándose por debajo de su ropa y acariciando la suave piel de su espalda. Su lengua busca la mía y las dos juegan entre ellas. Ambos empezamos a respirar agitados por la excitación. Mis manos van subiendo por su torso y sus piernas, se van separando despacio. Cuando mis manos llegan a sus pechos, Ángela las agarra y, al igual que mis labios, las separa de su cuerpo.

— ¿Qué haces? —le pregunto excitado e intento volver a besarla.

« ¿Está enfadada conmigo también?» Pienso.

Ella se aparta juguetona.

—Si te dejo seguir, me habrás desnudado en cualquier momento y ya no son horas de hacerlo —me dice divertida.

«Parece que no» Pienso aliviado.

—Solo uno —le pido y la empiezo a besar en el cuello, que está a mi alcance. Froto mi entrepierna contra la suya, aprovechando que estoy encima de ella y no puede moverla.

Se muerde el labio por la excitación, cierra los ojos y sus dedos se entrelazan con los míos.

—Álvaro…pa…para —dice excitada y jadea ligeramente. Sigo besando su cuello, aprovechando su punto débil —Tú ganas —dice al no aguantar más —Túmbate y me pongo encima.

Yo sonrío triunfante y me recuesto en la cama con las manos en la nuca, en señal de que la dejo mandar. Ella se coloca sobre mí, como si fuera a cabalgarme, se agacha y me besa el cuello suavemente.

—Cierra los ojos —me susurra seductora al oído. La obedezco y noto cómo pasa sus labios por mi piel y sus manos repasan mi torso hasta mi cintura. Siento que desabrocha mi cinturón y mi pantalón, sus manos se meten por mis calzoncillos y acarician mi polla dura.

Disfruto de sus caricias y la noto moverse encima de mí, lo primero que noto es el aroma de su coño mojado, luego siento que lo presiona ligueramente en mi boca. Inmediatamente me pongo a lamerlo de arriba abajo, lo presiona más contra mi boca y meto mi lengua en su orificio sexual, ella hace sus ruiditos de placer y mueve ligeramente la cadera para frotar su clítoris contra mi cara.

—Te eché mucho de menos anoche— me dice pícara, yo muevo más rápido mi lengua— cari, me voy a correr enseguida como sigas así —su voz se entrecorta por la excitación.

Cada vez agita más fuerte su cadera y gime un poco más alto, hasta que llego al clímax, deja quita su coño sobre mi boca y se retuerce de placer, no tarda en soltar sus fluidos dentro de mi boca y los bebo de inmediato

— ¡Que gusto! —exclama cuando termina de correrse.

Se levanta de encima mío y se acomoda la ropa — ¿qué haces? —pregunte extrañado.

Ella me sonríe burlona.

— Ya he cumplido tu petición —dice —has pedido un orgasmo.

La miro sin entender —No, te pedí un polvo y, de todas maneras, no me he corrido.

Su sonrisa se ensancha.

—Dijiste “sólo uno”, pero no especificaste ni qué ni de quién —me saca la lengua al terminar de decirlo.

—Eres perversa —digo fingiendo enfado —me vas a dejar así, con lo molesto que es —digo señalando mi muy visible erección.

Se muerde el labio inferior, lo cual me indica que está ansiosa de hacer el amor. Pero parece que aguanta la tentación, me vuelve a sonreír traviesa, abre la puerta de la habitación y sale.

Resignado, me coloco la ropa y salgo yo también. Me cruzo con Penny, quien viene cargada con ropa para tender, me sonríe traviesa y me mira la entrepierna abultada.

« ¿Como sabe lo que hemos hecho?» pienso, le devuelvo la sonrisa y voy al salón, esta Ángela sentada de lado con los pies descalzos sobre el sofá. Me siento en el sitio libre, al otro lado de ella, y se recoloca en el asiento para poner su cabeza sobre mi pecho, la dejo colocarse y le pongo un brazo sobre su cintura, con mi mano reposando sobre su estomago. Miramos la televisión, donde Ángela había puesto una serie cómica. Cuando el episodio termina ella me mira cariñosa y acercar su cara a la mía. Le doy un beso tierno y estuvimos así un rato hasta que un ruido en la puerta nos llama la atención.

—Perdonad que interrumpa vuestros arrumacos, pero la casa necesita que la limpien por lo de anoche —dice burlona.

Ángela se levanta molesta por la interrupción y ayudemos con la limpieza, nos encargos del salón y de la cocina. Penny empieza a hacer la comida, después de terminar con nuestra parte, y nosotros ponemos la mesa. Comemos mientras vemos y comentamos las noticias.

Cuando estamos terminando de recoger la mesa, Ángela me susurra:

—Te espero en mi habitación —y me da un beso en el cuello. Sonrío sabiendo lo que me espera y meto los utensilios de cocina y platos sucios en el lavavajillas, despacio, para darle tiempo.

Cinco minutos después me encamino a la habitación, sintiéndome muy animado. Paso por delante del salón donde Penny me hace un gesto de ánimo mientras sonríe. Le devuelvo la sonrisa y termino mi recorrido mientras me repeino con las manos y colocó mi ropa, como hago siempre que estoy a punto de tener sexo. Llego a la puerta cerrada y la abro despacio, la habitación esta tenuemente iluminada por velas. Entro y cierro la puerta tras de mí. Al escuchar la puerta cerrarse, Ángela sale del baño luciendo el conjunto blanco y negro, que es el que más me pone y que se lo había comprado para nuestro aniversario. Además me doy cuenta de que tiene puestas unas orejas, cola y otros complementos de gata.

— ¿Qué te pasa? Tu gatita aún no te ha comido la lengua —dice sensual y traviesa, mientras se contonea de forma seductora.

Con la combinación de lencerías me estoy excitando mucho. Se acerca a mí, andando provocativamente.

—Estas muy sexy, no me esperaba lo de “la gatita” —le digo mientras miro cada parte de su cuerpo.

—Me pareció que te gustaría —dice burlona —te aviso que soy una gatita muy traviesa y tengo hambre —se pega a mí y me susurra —quiero la leche de mi dueño, ¡miau!

Ese maullido puede conmigo, la agarro del culo, ella suelta un gemido y la beso muy excitado buscando su lengua desde el principio. Durante el apasionado beso nos acercamos a la cama, me separo de Ángela y me quito la camisa. Me siento en el borde y me echo un poco para atrás con las piernas abiertas, Ángela se coloca entre ellas y finge olfatear mi entrepierna.

—Por aquí huele a leche —dice y me baja la bragueta usando los dientes, mete una mano en mi trusa y rebusca dentro hasta agarrar mi polla y sacarla —está muy dura, seguro que me dará mucha leche.

Sonrío y le recojo el pelo mientras ella acerca la boca a mi polla. Empieza lamiendo despacio la cabeza y, poco a poco, va bajando por el tronco. Llega a la base y sube hasta la cabeza, lamiendo todo en el camino.

—Qué bien lo haces— digo excitado.

Sonríe.

—Tranquilo que ahora llega la parte que te encanta —dice impaciente.

Abre la boca y se mete la cabeza de mi polla, la lame con habilidad. La ayudo a tragar despacio, atrayendo su cabeza a mi entrepierna, centímetro a centímetro mi polla desaparece en su boca hasta que parece haber engullido los veinte centímetros.

—Ya está toda, aguanta todo lo que puedas mientras te follo la boca— le digo muy excitado y saco despacio una parte de mi polla. Cuando sale la mitad, la vuelvo a meter y repito el juego haciéndolo poco a poco más rápido. Ángela aguanta la respiración mientras casi la ahogo con mi polla y respira rápido en cuanto tiene oportunidad. Agarro la cabeza de mi novia con las dos manos y comienzo a follarle más fuerte la boca, de forma que ella ya no puede respirar en ningún momento.

—Tu boca y garganta me vuelven loco —digo muy excitado.

En la habitación sólo se escuchan los sonidos que produce la boca de Ángela por la follada. Ella al poco rato me da unos apretones en la pierna, yo saco mi polla de su boca y ella inmediatamente se pone a respirar.

— ¡Que bruto lo estás haciendo!— dice entrecortada por la falta de aliento— si ayer te lo hizo mi madre.

—Pues, la verdad es que no me lo hizo, ella sólo se metió un poco en la boca —la corrijo.

Me mira sorprendida.

— Pensaba que mi madre también se dejaba follar la boca —me dice mientras me masturbaba.

—Ella, creo que es más de usar la lengua— le digo mientras vuelvo a recogerle el pelo.

—Como sea, quiero que me des mi leche ya, tengo hambre —dice burlona mientras acerca la cara y después comienza a meterse mi polla de nuevo en la boca.

Esta vez entra entera más fácil y cojo un ritmo rápido, pero más suave que antes, para no ser tan bruto. El placer que me producen su boca y su garganta es intenso, pero aguanto un buen rato en el cual Ángela no dejo de mirarme a los ojos ni un instante, lo que me excita más aún, si es posible.

—Ángela, me voy a correr—le digo a punto del clímax.

Ella me acaricia la pierna en señal de que aguanta. Cuando noto que voy a soltar mi corrida, meto mi polla entera y eyaculo en su garganta. Ángela aguanta la respiración mientras vierto mi semen, pero se pone roja. Al ver esto, saco mi polla deprisa y el último chorro cae en su mejilla. Ella traga rápido mi semen y tose un poco.

—Si no aguantabas, habérmelo dicho —le digo mientras recupero el aliento.

—Quería que te corrieras como a ti te gusta, hoy soy tu gatita y tú mi dueño —me dice algo avergonzada.

—Pues más motivo, hoy eres mi novia y mi gata, yo siempre me preocupo por esos dos seres vivos —le digo cariñoso mientras cojo una toallita húmeda y limpio el chorro de su cara. Ella se sonroja un poco y me da un beso tierno, al cual respondo.

Ángela termina el beso y hace que me tumbe en la cama. Se sube y se pone a horcajadas sobre mí —amo, creo que estoy en celo —me dice con voz sugerente —necesito un macho que me satisfaga.

—Creo que puedo encargarme de eso —digo burlón y la acaricio el culo.

Se quita de encima de mí y se pone a cuatro patas, mira hacia atrás sonriendo picara —ya estoy lista para mi macho —dice y mueve ligeramente el culo.

Me coloco rápido detrás de ella, le acaricio el coño por encima de las bragas y noto lo mojada que esta. Aparto la prenda y meto dos dedos en su coño, Ángela suelta un gemido

—Estas choreando por aquí, seguro que llevas todo el día mojada —digo pícaro.

—No digas eso, tonto —dice vergonzosa y sigue gimiendo con mis dedos.

Me inclino hacia la mesilla para coger un condón, pero Ángela me sujeta la mano antes de que llegue al cajón.

—Hoy no, es un día seguro y quiero sentirte bien.

La miró sorprendido.

— ¿Estás segura? —pregunto dubitativo.

Ella asiente la cabeza a modo de respuesta y levanta más el culo. Yo me posiciono detrás de ella y la penetro despacio, una vez que entra mi polla entera, la sacó lentamente y la vuelvo a meter.

Ángela gime levemente al principio y, conforme aumentaba poco a poco el ritmo, ella responde con más gemidos.

— ¡Esto es lo que deseaba anoche! —dice un poco alto —¡dame más fuerte!

«Me encanta como gime Ángela» pienso «su madre grita fuerte, pero ella más aun. Además, a Penny no la vi tan morbosa como Ángela, su estilo debe ser más clásico. Ángela en cambio es la cama es una leona dispuesta a todo»

La complazco, follandola más duró, me inclino un poco y me agarró de sus tetas, alterno entre masajearlas y tirar de ellas. Los gemidos de Ángela y el sonido de chocar de mi abdomen en el culo de ella llenan la habitación y me excitan más. Sus manos se agarran con fuerza a las sabanas y su cintura se mueve haciendo que su cuerpo me dé más placer.

— ¡Como te follas a tu gatita! ¡Eres un macho fantástico! —dice excitada.

—Pues mi gatita va a sentir más placer —digo burlón y le doy un cachete en las nalgas, ya había aprendido a que sonaran más que doliesen, ella suelta un gemido más fuerte.

—No he sido mala ¿porque me castigas? —dice con voz lastimera.

—Sí que lo eres, esta mañana me dejaste con la polla durísima —le digo fingiendo enfado y le doy otro cachete.

La voy dando cachetes de vez en cuando cambiando de una a otra nalga, Ángela responde a cada azote con un gritito de placer. No tardamos mucho hasta que mi novia me dice, en un estado de calentura difícil de comparar:

— ¡Me voy a correr, amo!

—Yo también estoy casi, cielo —le respondo y aumento el ritmo, los gemidos de ella se van haciendo más fuertes y frecuentes.

Llegamos al clímax a la vez, pego mi pecho a su espalda buscando estar lo más unidos posible. El coño de Ángela se moja aún más y yo suelto mi semen dentro de ella.

—Qué buen polvo. A partir de ahora, todos los días por las noches me tienes que follar así de bien —dice alegre.

—Deberías gritar menos, no estamos solos en la casa —digo burlón, sacó mi polla de su coño y me tumbo a su lado.

—Pero es que no se siente igual para los dos, recuerda cuando lo hicimos en el cine —contesta a la defensiva.

—Admito que me encanta oírte gemir, pero no es plan, no estamos solos —digo cariñoso.

«Parece como si quisiera marcar el territorio o su posesión» pienso divertido.

—Muy bien, gemiré más bajito —dice con malicia.

Se pone encima de mí y se mete mi polla despacio por el coño, sin gemir. Me monta a un ritmo rápido desde el principio, yo la agarro por la cintura y disfruto de cómo me monta. Apoya sus manos sobre mi torso y sigue montándome fuerte, mientras intenta ocultar sus ganas de gemir, puedo ver en su cara sus deseos de hacerlo.

—Cómo te gusta montarme —digo sonriendo.

Ella se muerde el labio— porque tú no sabes follarme bien— dice con voz cachonda y malicia.

— ¿Como me dices eso? ¡Te vas a enterrar!— digo divertido, en un rápido y fluido movimiento la tumbo en la cama y me coloco encima de ella.

Ella suelta un pequeño grito de sorpresa, se le cae la diadema con las orejas de gata y se intenta revolver debajo de mí —malo, más que malo, era mi turno de estar encima —me dice molesta por el cambio.

—Ya no, has ofendido mi honor y debo vengarlo —digo riéndome.

—Me vas a tener que dar más besos de buenas noches —me dice burlona.

Le sonrió y comienzo a moverme, ella sigue aguantándose los gemidos. Pongo mis manos sobre las suyas y nuestros dedos se entrelazan, me inclinó y le doy pequeños besos en los labios. Me responde a los besos y cada vez que nuestros labios se separan a ella se le escapan pequeños gemidos.

Dejo sus labios, paso mi boca a su oreja y se la lamo despacio por el exterior. Ángela, sin poder aguantar, deja escapar cortos grititos apasionados.

— ¿Te he dicho alguna vez que estas muy mona cuando gimes así? —pregunto pícaro.

—No me digas algo así ahora —dice cachonda y gime más fuerte.

Sus brazos y piernas se cierran sobre mi espalda y mi cintura, impidiendo una escapatoria nada deseada. Sus manos se agarran fuerte, más de lo normal, a mi espalda y sus uñas anuncian nuevas heridas para la colección. La follo a un buen ritmo cuando de repente noto que el coño de Ángela se humedece mucho y su cara expresa el esfuerzo.

Reduzco el ritmo y ella lo nota.

— ¡No pares no pares! —dice casi gritando — ¡No quiero que pares hasta que te corras!— me mira suplicante a los ojos. La beso apasionado y subo el ritmo hasta hacerlo fuerte. Los escandalosos gemidos de Ángela son amortiguados por el beso, mientras que sus brazos, piernas y el interior de su vagina me aprietan con fuerza.

Ella encadena un orgasmo con otro, sin parar. Sus uñas penetran en mi piel, nunca me gustó el dolor, pero adoro que haga esto, ya que me indica lo mucho que está disfrutando. Su cuerpo se retuerce de placer debajo del mío y sus gemidos son escandalosos y muy abundantes.

Noto que estoy a punto de correrme, separo nuestros labios

—Ya casi estoy, cielo —le digo muy excitado.

— ¡Lléname!, ¡Dámela toda! —dice más alto presa del placer.

La follo duro hasta el instante en que noto que me corro, le meto mi polla entera y la mantengo muy adentro. Ella deja escapar un largo un grito y me aprieta con fuerza mientras me descargo en sus entrañas.

Cuando suelto el último chorro de semen, saco mi polla despacio y los dos, con la respiración agitada, nos quedamos mirándonos unos segundos. Su mirada es una mezcla de amor, placer y cansancio.

Le sonrío cariñoso y la beso en los labios suavemente.

—Sí que lo estabas deseando, ¿Cuántas veces te has corrido?— le digo con amor mientras le acaricio la mejilla y me tumbo a su lado.

—Al menos…cinco —responde agitada y se arrebuja en mi pecho.

La estrecho en mis brazos y le acaricio el pelo, su respiración se calma.

—Cariño, me has dejado muerta —sonríe una vez que ha recuperado el aliento.

—Si quieres, paramos —digo provocador.

— ¡Ni hablar!, hoy vas a follarme toda la tarde aunque me desmaye —ríe

— ¿Y si me desmayo yo? —pregunto curioso.

—No habrá problema, te he visto muchas veces dormido y con la polla más dura que una roca —dice burlona.

—Es difícil no tenerla dura con la mujer más hermosa desnuda entre mis brazos —respondo con admiración, ella se sonroja levemente y le doy un beso corto.

— ¿Quieres ducharte o quieres terminar lo que te interrumpí? — le pregunto.

—Me acabas de reventar el coño y quieres seguir follando —comenta fingiendo indignación — ¿Porque quiero seguir siendo tu novia?

—Porque te gusta en el fondo que esté tan salido —respondo alegre.

Sonríe y me besa con afecto, a la vez me tumba y se pone encima. Agarra mi polla y la frota un poco con su coño, después se la empieza a meter despacio.

—Vas a tener que hacerlo con cuidado, me aprietas mucho —digo según introduce.

—Vale, tú túmbate y disfruta —ronronea provocativa.

Termina de meterse mi polla y comienza a subir y bajar sus caderas, sus tetas se bambolean con el movimiento. Me yergo y acercó mi boca a sus senos, noto el olor a sudor que comienza a cubrir nuestros cuerpos y me pongo a lamerle un pezón.

—Ya tardabas en atacarlas —dice Ángela cachonda.

—Porque no las tenía al alcance —respondo pícaro— con tu sudor saben genial.

—No seas guarro o no te vuelvo a dejar comerlas —sonríe.

—Sé que no lo harías, te gusta demasiado —respondo y me pongo a lamer el otro pezón.

Ángela se mueve más fuerte y me aprieta ligeramente contra su pecho. Le agarro las nalgas y la ayudó a subir y bajar las caderas, el olor a sudor y sexo que llenan la habitación nos excitan más.

—Álvaro —me llamó, su voz delata que está casi a punto de correrse.

Suelto su pezón.

— ¿Te vas a correr? —pregunto

Asiente con la cabeza.

—Te quiero más que a nada y quiero ser la madre de tus hijos —dice muy cariñosa y excitada.

—Ya lo sé, yo también te quiero más que a nada y quiero formar una familia contigo — le respondo en el mismo tono.

«Formar una familia contigo, es mi sueño desde que te conozco» confieso en mis adentros « ¿pero aceptarías que haya embarazado a tu madre sin querer? »

Ella lleva sus manos a las mías, suelto sus nalgas, entrelazamos nuestros dedos y nos besamos muy apasionados. No tardamos mucho en corrernos, pero no interrumpimos el beso ni un momento y seguimos besándonos mucho después de terminar.

Ángela separa sus labios de los míos y ambos abrimos los ojos, los dos estamos sin aliento. Nos quedamos mirándonos un rato, hasta que Ángela agacha la cabeza y, antes de que el pelo le tape la cara, veo que se ha sonrojado.

— ¿Ahora te da vergüenza lo que me has dicho en el fragor del sexo? —pregunto divertido.

—No te rías, sabes que siempre me da vergüenza —dice molesta.

—Eso es lo que me encanta de ti —digo alegre —eres muy cariñosa y tímida en el fondo, pero a la vez morbosa y una fiera en la cama —la cojo de la barbilla y la hago levantar la cabeza, tiene los ojos un poco húmedos y su mirada refleja mucho amor. La beso sin dudarlo un instante y ella me devuelve la caricia.

De repente escuchamos unos golpes en la puerta que nos sobresaltan a los dos.

—Id terminando, que voy a hacer la cena enseguida —era la voz de Penny.

Miro el despertador de la mesilla y veo que son las nueve menos siete.

—Será mejor que nos duchemos y curarme la espalda antes de ir a cenar —digo por mis nuevas heridas.

Ángela enciende la luz, deslumbrándonos, y suelta un pequeño grito ahogado. Miro hacia lo que mira y veo la mancha de sangre que he dejado en el colchón.

— ¡Vaya! ¿Por qué no me dijiste que eras virgen? —bromeo para quitarle hierro al asunto.

— ¡Ay madre, ay madre!— dice preocupada mientras va corriendo al baño. Cuando vuelve trae una toalla mojada —Perdona, perdona, que bruta soy, por Dios.

—Tranquila, estoy bien, he tenido heridas peores —comento tratando de tranquilizarla. Con la toalla intenta limpiar la sangre de mi espalda.

—Vamos al baño y te limpio mejor —dice y tira de mí para que la siga. Voy detrás de ella y me siento en el váter, ella se pone de rodillas en la alfombra y coge un par de gasas.

Aguanto el dolor cuando me pasa la gasa por las heridas.

— ¿Me moriré o viviré un día más, doctora?— digo con una sonrisa.

Ella se ríe un poco.

—Soy muy bruta, te he clavado siete uñas y las heridas parecen algo profundas, excepto una —observa preocupada.

—Seis son tuyas y la séptima es de tu madre —le aclaro.

—Así que ella también clava las uñas —dice pensativa—, a lo mejor por eso mi padre la dejó, me dijo que fue por problemas de cama.

—No creo, duele, pero te acostumbras y tampoco lo veo motivo de divorcio —concluyo incrédulo.

—Si tú te hartas de que te clave las uñas, dímelo y me las limo bien todos los días —me responde burlona.

—El día que me harte de algo tuyo, enciérrame, porque me habré vuelto loco —sonrío.

— ¡Qué exagerado eres! —dice exasperada y me da un beso en el cuello.

Me termina de limpiar la espalda y me aplica el desinfectante, han sido tantas las heridas que me he hecho en la vida que ya ni me escuece.

En la habitación volvemos a escuchar unos golpes en la puerta.

—Que se os enfría la cena, parejita, ya tendréis tiempo de retozar estos días —la voz de Penny suena cansada y apremiante.

Miró a Ángela y le digo:

—Tendremos que dejar la ducha para más tarde.

— ¿Qué remedio?, la creo capaz de cogerte de la polla y a mí de las tetas y llevarnos a cenar desnudos —dice sonriendo.

Vamos a la habitación y nos ponemos un poco de ropa, Ángela me ayuda con la camisa para no reabrirme las heridas. Vamos al salón y ya nos está esperando Penny con la mesa puesta.

—Sí que os ha costado salir, pensé que tendría que entrar y sacaros a la fuerza —dice alegre.

—Sólo te hemos escuchado una vez —responde Ángela digna.

—Seguro que no me escuchasteis porque estabas muy ocupada gritando “lléname” o “quiero ser la madre de tus hijos” —dice divertida e imitando la voz de Ángela.

Esta se puso roja como un tomate, avergonzada.

— ¡Estabas espiando! —se escandaliza.

—Ay, claro que no. Ha venido la vecina a pedir que, o bajes los gritos o le prestes quien te esté haciendo darlos —dice burlona Penny.

Ángela me mira interrogante.

—Siempre me he preguntado cómo es que nunca se quejan —digo tímido.

Se pone más roja.

—Ahora entiendo por qué me mira mal —murmura en bajo para sí.

—Bueno, comed que se queda helado —dice Penny despreocupada.

Nos ponemos a cenar Penny y yo, Ángela se une después de que se le pasa un poco la vergüenza. Penny me dice que han preparado una habitación que no usaban para que tenga dónde estudiar, guardar mis cosas y dormir, pero que tendría que traer los muebles de mi casa. Le informo que al día siguiente se lo diría a mis padres y traeré mis cosas poco a poco. Ángela se une a la conversación recordándome de que mi cama será innecesaria, ya que dormiremos en la suya. A partir de eso se vuelve más animada y variada la conversación.

Una vez terminamos de cenar, recogemos y limpiamos los platos y cubiertos.

—Bueno, creo que alguien me debe una ducha —me dice Ángela traviesa.

—Ya ves, hueles mucho —bromeo y la acerco a mí por la cintura —, aunque me gusta.

— ¡No seas guarro!— exclama riendo —, tú también hueles mucho, será mejor que nos duchemos juntos y así ahorramos agua —termina diciendo provocativa.

—No es mala idea —respondo y me inclino ligeramente, ella se pone de puntillas, me besa y se abraza a mí.

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