Vacaciones inolvidables, mujer inolvidable

Era verano de 2015. Hacía 2 meses lo había dejado con mi novia y había planificado unas vacaciones con un amigo en la costa de Girona, buscando el sol y pasarlo muy bien, y por qué no, quizás ligarnos alguna tía. Sin embargo el día antes de ir a mi amigo le dijeron que tenía que quedarse a trabajar unos días más por lo que tuvo que cancelar sus vacaciones. Tras darle algunas vueltas al final decidí que iría sólo ya que tenía el vuelo cogido, y que pasaría unos días que me vendrían bien para desconectar y relajarme. Para ello metí un par de libros que tenía pendientes de leer en la maleta y me fui de vacaciones.

Una vez llegué al hotel deshice la maleta, ordené mis cosas y me puse un bañador y bajé a la piscina del hotel. Eran las 16:00 de la tarde y hacía mucho calor bajo el intenso sol. Puse mis cosas al lado de una de las hamacas, me senté y comencé a leer. Qué placer! La verdad es que los últimos meses habían sido un poco estresantes en el trabajo, problemas a los que además se unió la ruptura con mi novia. Estuve cerca de una hora leyendo sin levantar la mirada del libro; la verdad es que normalmente no suelo sacar tiempo para leer pero cuando empiezo me sumerjo en la novela de tal forma que absorbe todos mis sentidos. Me sentía de maravilla.

Entonces noté que alguien se sentaba en la hamaca de al lado. Al instante me llegó el olor de su perfume; era una mujer y olía muy bien. Levanté la mirada del libro y vi a una mujer de unos cincuentaytantos años posando una toalla sobre la hamaca. Estaba escasamente a metro y medio de donde yo me encontraba y me daba la espalda mientras colocaba la toalla ligeramente agachada. Me quedé observándola ya que encantó lo que vi: era una mujer rellenita, vestía un bikini que tapaba parcialmente su hermoso trasero que se apoyaba en dos bonitas piernas de tersa piel. Mientras me deleitaba con la vista que tenía se giró para sentarse en la hamaca y me vio. Yo me ruboricé en ese momento, como un adolescente y bajé la mirada. Tampoco quería hacer que se sintiera incómoda. Ella alargó la mano hasta un bolso que había traído y sacó un libro también y se puso a leer.

A partir de ese momento ya no pude seguir leyendo más, pues se apoderó de mí una excitación muy grande pensando en la hermosa mujer que tenía al lado. Comencé a observarla furtivamente y pude ver a una atractiva mujer y muy apetitosa. Tenía una linda cara, limpia; el pelo negro y corto y un bonito cuello. Mediría 1’70 aproximadamente y como he dicho antes rellenita. Mi mirada fue bajando y observé dos generosos pechos. Inmediatamente volví mis ojos al libro; notaba mi corazón acelerado, bombeando sangre enloquecidamente, sangre que inevitablemente llegó donde sabía que iba a llegar; en un movimiento lento cogí mi toalla y me la puse disimuladamente en mi paquete un poco avergonzado. Tampoco quería que me pillara mirándola descaradamente y se enojara, o que su pareja me pudiera ver y también se enfadara. Porque estaba convencido de que semejante hembra no podía estar sola en aquel hotel. Sin embargo mi cerebro me conminó a seguir explorando con la mirada y bajando de los pechos pude ver su barriguita que finalizaba en su negro bañador. Pude observar en todo su esplendor sus piernas que tenía dobladas encima de la hamaca. En resumen, era una atractiva y apetitosa madurita como las que tantas veces me había imaginado en mis pensamientos más calientes. He de reconocer que las mujeres mayores que yo siempre me han dado mucho morbo, y en concreto esta era mi tipo.

Llevaba 10 minutos delante de la misma página del libro que hace poco leía con avidez y ahora había perdido todo el interés. De repente pensé que debía entablar una conversación con ella, o por lo menos decirle algo, pero me sentía tan excitado que no podía pensar. La verdad es que no tenía mucho que perder. Volví a mirarla y vi que había levantado la mirada y estaba mirando hacia la piscina. Creo que al notar mi mirada miró hacia mí y nuestras miradas se encontraron. Entonces nos sonreímos mutuamente. En ese momento no supe que decir y me quedé mirándole hasta que los dos volvimos nuestras cabezas a nuestros respectivos libros.

Estando sentado erguí mi espalda y doble las piernas, echando mi cuerpo hacia adelante y agarrando mis piernas con los dos brazos. Con mi barbilla apoyada en mis antebrazos me quedé mirando a la gente que se bañaba y jugaba en la piscina. De reojo noté que la mujer de vez en cuando levantaba la cabeza para mirar a la piscina donde había unos cuantos niños jugando con gran alborozo. Volvimos a cruzar la mirada e igual que la vez anterior nos sonreímos y lo único que se me ocurrió decir fue:

– Qué bien se lo están pasando! Dan hasta envidia

– La verdad es que sí – me respondió ella

Y volvimos a nuestros libros

Eran ya las seis y media de la tarde y quería darme una ducha para después dar una vuelta por el pueblo, por lo que me levanté y recogí mis cosas. Antes de irme me dirigí a ella y le dije hasta luego. Ella me miró y me despidió.

***

A la hora de cenar acudí al comedor del hotel en el que había un buffet y podías servirte lo que quisieras para cenar. Después de llenar el plato me senté en una mesita para cenar. Mientras cenaba estuve observando a los diferentes huéspedes del hotel. La mayoría eran familias con niños, aunque también se veían parejas, o algún que otro grupo de amigos. Me di cuenta que era el único de todos que estaba sólo, aunque antes de viajar me hice a la idea de que sería así. También estaba pendiente de ver si veía a “mi madurita” y ver con quien estaba. Entonce apareció por la puerta del comedor. Llevaba una camisola de tirantes que se ensanchaba hacia la cintura. Debajo unos pantalones vaqueros que se ajustaban perfectamente a sus piernas y nalgas. Estaba radiante. Le seguí con la mirada y vi como cogía un plato y lo llenaba en el buffet y después como buscaba una mesa en la cual sentarse. Estaba unas tres mesas más lejos de la mía. Entonces cruzamos las miradas y le saludé con la mano mientras le sonreía y ella me devolvió el saludo con la mano y otra sonrisa y se sentó a cenar. Lo que me llamó la atención fue que también parecía estar sola, lo cual se me hacía incomprensible.

Después de cenar fui a mi cuarto, vi un poco la tele y me fui a dormir.

Al día siguiente fui a desayunar, y después me fui andando a una playa que había cerca del hotel. Pasé la mañana entre chapuzón y chapuzón, y tomado el sol mientras leía. Después fui a comer a un restaurante. Nunca había estado de vacaciones solo, y aunque pensé en un primer momento que me gustaría, la verdad es que se me hacía un poco raro y me hubiera apetecido estar con alguien con el que charlar de vez en cuando. Además de haber venido mi amigo seguro que la noche anterior hubiéramos salido a tomar algo. Volví al hotel y después de ducharme y ver una película en la tele decidí ir a la piscina como el día anterior. En el fondo, he de reconocer, albergaba la esperanza de encontrarme con “ella”. Me dirigí a la misma hamaca del día anterior y cual fui mi grata sorpresa al verla a ella sentada en la misma hamaca del día anterior. Cuando llegué levantó la mirada y me saludó sonriente. Yo le saludé y le dije:

– Vaya, parece que estas son nuestras hamacas

– Ja ja, sí, te la he estado reservando por si acaso- me dijo riéndose

– Pues muchas gracias, estoy en deuda contigo, ja ja

A partir de ese momento nos pusimos a charlar. La verdad es que se le veía con ganas de hablar. Se llamaba Pilar y yo le dije que yo era Jon. Me contó que era del norte de España, de una ciudad no muy lejana de la mía y cuando le pregunté si había venido con alguien frunció el ceño y un poco disgustada me respondió:

– La verdad es que he venido sola. Iba a venir con mi marido y teníamos todo preparado pero en el último momento me dijo que no podía venir, que tenía que terminar un trabajo en la empresa y que aplazáramos las vacaciones. Yo me enfadé bastante porque parece que ya cualquier cosa es más importante que estar conmigo y decidí venir aunque fuera sola.

– Pues yo no hubiera tenido la más mínima duda entre el trabajo o venir contigo… – dije espontáneamente y según lo dije pensé si no me había propasado, pero entonces ella respondió medio riendo

– Gracias, me lo tomaré como un cumplido, qué chaval más majo. Y tú qué, con quién estás?

– Pues a mi me ha pasado algo parecido, pero ha sido un amigo el que me ha dado plantón por el trabajo. Y decidí venir sólo también

– No me lo puedo creer. Me estás tomando el pelo…

– Que no, que no, que no te estoy vacilando, que es verdad- y ella se echó a reír. – La verdad- dije yo- se me hace un poco raro estar de vacaciones solo, es como que echas de menos a alguien con quién hablar

– Por eso te estaba guardando la hamaca, ja ja. Cuando te vi ayer me dije, este para mí! Para hablar quiero decir… – al decir esto noté que se puso un poco roja, pero yo me reí y después me dijo- no, en serio, a mi me está pasando igual. Llega un momento en el que te cansas de leer todo el día y necesitas estar con alguien

– Pues, ya sabes, aquí me tienes disponible

– Yo estaría encantada con un chico tan simpático -aquel comentario me puso nervioso – yo ahora me voy a dar un baño-. Y diciendo esto se levantó y se metió en la piscina. Nadó un par de largos y se salió. Aquella visión de ella acercándose a la hamaca me excitó mucho. La verdad es que esta vez no aparté la mirada, quería deleitarme con su cuerpazo. Cuando llegó a mi altura se sentó en la hamaca y me dijo, “está buenísima”. “Buenísima estás tú” pensé yo con una tremenda erección en mi pene.

Y nos pusimos a leer pero yo no pude leer nada. Cuando se me bajó la erección me fui a bañar. Al salir cuando llegamos a la hamaca me estaba mirando y le dije “pues sí que está buena… quiero decir el agua” y ella se rió. Estuvimos hora y media leyendo (yo haciendo que leía) e intercambiando miradas y algún comentario. Tenía la sensación de que la atracción era mutua, aunque el tema de que estuviera casada me cortaba un poco.

Al cabo de un rato comenzó a echarse crema solar ya que el sol apretaba de lo lindo. Yo me quedé observando sin querer perderme ni un detalle de la escena, totalmente abobado. Se esparció la crema en los brazos, pechos, abdomen, y después empezó a masajearse las piernas; sus manos embadurnadas de crema recorrían cada centímetro desde sus muslos hasta los dedos de los pies. Me miró, me sonrió y me dijo: – oye, te importaría echarme la crema en la espalda… esto… es que no llego bien la verdad…

– Por supuesto – le dije yo raudo y presto.

Se tumbó hacia adelante en su hamaca y yo me acerqué hasta ella, me senté en el borde, eché crema en mis manos, las froté y empecé a expandir la crema desde sus hombros hacia abajo, poco a poco sin prisa, disfrutando del contacto con su piel, pensando en que ella quizás también estuviera excitada y disfrutando como yo. Me deleité contemplando ese culazo que tenía a escasos centímetros de mí y que daría lo que fuera por amasarlo con mis manos. Cuando ya había esparcido toda la crema sobre su espalda y estaba a punto de apartar mis manos de su espalda suspiró y dijo – mmm, que placer, la verdad es que lo haces muy bien” y yo le contesté. “Si tanto te gusta si quieres puedo darte un masajito”. “Tú chaval vas muy rápido, ja ja”. Yo me quedé un poco cortado, pero después siguió y me dijo: “pero no me parece mala idea, tienes unas buenas manos. Aunque no sabía que ofreciera estos servicios el hotel, ja ja”. “Ya te he dicho que estoy a tu disposición, ja ja”. Y allí estuve un cuarto de hora masajeando a mi madurita, jugando con sus hombros, su espalda, y haciendo alguna incursión a su cuello y al borde de su bikini donde comenzaban sus soberbias nalgas. La verdad, es que no me atreví a más. Cuando terminé me dijo “mmm , muchas gracias, eres un gran masajista, estoy en deuda contigo, ja ja”. Volví a mi hamaca seguimos leyendo, pero continuamente intercambiábamos nuestras miradas y comentábamos algo.

Llegó el momento de irme a duchar y prepararme para cenar y le dije algo que había estado pensando minutos antes:

– Si quieres podemos ir a cenar al pueblo juntos – le dije.

– Perfecto. Yo ahora me voy a duchar y nos vemos en recepción

– OK, a las 20:00- “Bien”, pensé. Estaba eufórico. No había pasado nada del otro mundo pero en sí me parecía un sueño ir con semejante hembra a cenar juntos

****

A las 20:15 apareció en recepción. Por un momento pensé que se había echado atrás y no vendría, pero cuando la vi aparecer la poya me dio un brinco. Venía con una camisita sin mangas con un más que generoso escote y unos pantalones ajustados que parecía que iban a reventar con su tremendo culo. En los pies unas sandalias con tacones que la hacían más sexy todavía. Se había maquillado los ojos y sus labios brillaban pintados de rosa. Estaba para comérsela. Según llegaba me acerqué, le puse una mano en la cintura y le di dos besos a modo de saludo. Uno en la mejilla y otro en la mejilla pero más cerca de sus labios que aceptó de buen grado. Olía divinamente. Me moría de ganas de tenerla entre mis brazos, y aunque los indicios eran buenos no sabía cómo acabaría.

– Contigo al lado voy a ser la envidia de todos, estás guapísima! – me salió de dentro.

– Qué tonto eres – me contestó con una sonrisa mientras me empujaba suavemente en el hombro. Se le veía un poco nerviosa, aunque yo también lo estaba. Pensé, “esto es una cita en toda regla”.

Fuimos a cenar a un restaurante que había visto el día anterior, al lado del mar. Fue un breve y relajante paseíto en el que fuimos hablando alegremente. Yo no paraba de decir tonterías y ella de reírse. En la comida no paramos de hablar y hacernos preguntas y comentar lo raro de la situación y que los dos nos hubiéramos quedado colgados; se le veía un poco enojada con su marido, aunque yo estaba profundamente agradecido a mi amigo por dejarme colgado. En seguida cambiamos de tema y seguimos intercambiando confidencias. Me dijo que era pintora y entonces le dije que si necesitaba un modelo me tenía a mi, y ella se rió y me dijo que normalmente no pintaba desnudos, pero que le parecía buena idea, aunque quizás luego quería sobrepasarse conmigo y que tuviera cuidado con ella. Los dos nos reímos y yo le dije que qué más quisiera yo. Habíamos sacado una botella de vino que en seguida nos la bebimos y cuando fui a pedir otra me dijo:

– Tú lo que quieres es emborracharme, que te estoy viendo…

– Vaya, me has pillado, ja ja

Y así estuvimos durante dos horas hasta que llegó el momento de irnos. Hicimos el camino de vuelta más callados, yo creo que ella pensando qué hacer y yo cómo. Al final llegamos al hall y me dijo:

– Me lo he pasado muy bien, Jon. La verdad es que hacía tiempo que no estaba tan a gusto

– Yo también – le respondí con mis ojos brillando y mi corazón totalmente acelerado

Fuimos a darnos los dos besos de despedida y entonces le agarré de la cintura con mi mano tocando parte de sus nalgas y le di un beso en la mejilla cerca de sus labios y el otro en sus labios al cual ella respondió y nos fundimos en un cálido beso. Ella se separó y me dijo, “aquí no, ven, vamos a mi habitación” y dándome la mano me llevó hasta ella. Una vez entramos y cerramos la puerta le agarré de la mano y le dí la vuelta hacia mi y apoyándola contra la pared comencé a besarla. Hundí mi lengua en su boca y ella buscó la mía y empezamos a entrelazarlas. Estábamos los dos realmente excitados. Yo no me podía creer estar con semejante madurita entre mis brazos, con aquel cuerpo rellenito como a mi tanto me gustan. Ella no paraba de gemir y estaba totalmente entregada. Mis manos buscaron su nalgas y comencé a sobárselas y a tirar de ellas para a arriba. Ella se separó nos miramos a los ojos y me dijo:

– No me puedo creer estar haciendo esto. Me tienes desbocada y llevo todo el día pensando en esto. Tengo las braguitas empapadas y quiero que me hagas tuya, que me poseas…

– Yo también estoy que reviento… Me tienes caliente desde que te vi

Entonces se agachó y se puso de rodillas, yo me bajé los pantalones, me quité los calzoncillos y mi poya salió como un resorte ante su cara. La cogió con su mano y comenzó a pajearla lentamente y después se la metió en la boca y comenzó a chupármela. La verdad es que se notaba que no tenía mucha experiencia pero el tenerla comiéndome la poya totalmente entregada me tenía a cien y me estaba poniendo muy bruto.

– Puff… Para ya!- le dije -si sigues así me voy a correr y necesito follarte. Llevo dos días fantaseando con tu cuerpo de diosa.

– Sí, fóllame, quiero ser tuya!

Se levantó y nos besamos. Después nos desnudamos y se tumbó en la cama y me dijo, tómame. Me tumbé encima de ella y mientras nos besábamos cogió mi polla con la mano y dirigió la punta a la entrada de su cueva. Estaba muy calentita y húmeda, estaba chorreando. Comencé a empujar y mi polla se iba abriendo camino mientras Pilar gemía en mi oreja y me decía “despacio amor, despacio”. Seguí empujando hasta tenerla dentro y apoyando los brazos en el colchón a la altura de su cabeza la besé. “Aaaah, que gustó estar llena de ti…” me susurró al oído. Empecé a mover mi pelvis para sacarla y meterla, sacarle y meterla, poco a poco, para ir luego acelerando. Le levanté las piernas y se la metí más adentro y más fuerte. Ella se quejó un poco y me dijo “fóllame a cuatro patas, quiero que montes a tu yegua… quiero ser tu puta”. Aquellas palabras me encendieron del todo. Una vez se puso a cuatro patas, busqué la entrada de su coño y se la ensarté de un golpe, dio un grito y dijo ” aaah , cabrón, sí, quiero tu polla hasta dentro, poséeme, este coñito es tuyo. Has conmigo lo que quieras…”. Comencé a bombear salvajemente y follármela como lo que en aquel momento era, una zorra complaciente. “síí, síí, monta a tu yegua cariño, fóllaate a tu putaaa..” Diciendo esto se corrió y yo seguí follándomela. Cogía su tremendo trasero y lo atraía hacia mi para clavársela de golpe y después lo alejaba y volvía a metérsela hasta dentro. Era un espectáculo ver a semejante hembra totalmente entregada y ver como mi poya a entraba y salía totalmente empapada de su cuevita. Entonces le di una cachetada en la nalga y gimió, y le volví a dar otra y gimió otra vez. Estaba claro que le iba la marcha y que le follarán bien duro. Aceleré el ritmo y noté como se estremecía su cuerpo otra vez, mientras ahogaba un grito de placer mientras mordía la almohada. Yo ya no podía controlarme más y estaba a punto de correrme por lo que bombeé ese coñito lo más rápido y fuerte que pude y grité:

– Me corro! me corro!

En ese momento ella hizo algo que me sorprendió. Se echó hacia adelante para sacarse mi poya, se giró rápidamente y se metió mi pene en su boca y empezó a chupármelo esperando mi descarga. Entonces llegó mi primer chorretón que fue a parar a su boca mientras seguía mamándomela y yo agarrándole de la cabeza le marcaba el ritmo diciéndole lo putita que era mientras ella me miraba a los ojos. La verdad es que estaba muy excitada. Parte del semen se le escurrió por la comisura de los labios y calló en sus pechos. Con aquella visión mi pene seguía duro como una roca mientras ella seguía degustando mi polla. Después de unos segundos se tumbó y me pidió que me tumbara a su lado. Estábamos los dos jadeando. Nos abrazamos con nuestros cuerpos sudorosos, mientras ella acariciaba mi espalda y yo apoyaba mi cabeza en su cuello recuperando el resuello. Ella me besó. Me acordé que hace unos segundos había tenido mi néctar en su boca y me dio un poco reparo pero en seguida se me olvidó y nos besamos con ansia. Estábamos tan unidos piel con piel que podía sentir como mi enhiesta polla se clavaba en su ombligo. “puff, ha sido un polvo salvaje” dije con la voz entrecortada. “desde el primer momento que te vi quise hacerte mía”. ” ya lo sabía, eres muy obvio, ja ja… y disimulas muy mal, sabía que te gustaba desde el primer momento que me senté al lado tuyo… ” me dijo mientras se reía. “A mi también me gustaste, pero no llegué a imaginarme que esto pudiera pasar. He fantaseado mucho contigo, pero no estaba segura, aunque no me arrepiento. Creo que van a ser unas vacaciones geniales. mmm” dijo mientras nos volvíamos a abrazar mientras seguíamos acariciándonos. La verdad es que era la mujer más caliente que he conocido y conoceré nunca. Como mi verga todavía no se me bajaba me dijo juguetonamente, “y bueno, que vamos a hacer con esto. Se me había olvidado lo que era despertar semejante interés… ja ja… creo que algo deberíamos hacer…” dijo mientras agarraba mi tranca y me la pajeaba lentamente y me besaba. “Ahora me apetece hacerte el amor” le dije. Ella me miro y se rió cariñosamente, “si en el fondo sabía que eras un romántico, ja ja. A mi también me apetece que lo hagamos suavemente porque no sé si mi coñito tan desentrenado aguantaría otro polvo salvaje”. Comencé a besarla suavemente, tan sólo tocando sus labios con los míos, ella tumbada en la cama y yo encima con mis brazos apoyados en el colchón y la espalda ligeramente erguida. De vez en cuando bajando a besarla y después alejándome cuando ella estiraba su cuello hacia a mi, jugando con su deseo, controlando la situación, mientras le decía, “tranquila, no te pongas nerviosa, que pareces una adolescente” y ella sonreía. Paulatinamente fui apretando más sus labios y alargando la duración de los besos hasta fundirnos en largos besos en los que entrelazamos nuestras lenguas. Después llevé mi boca a una de sus orejas y empecé a mordisquear uno de sus lóbulos mientras ella sentía su aliento por detrás de su oreja y emitía algún suspiro. Me quiso apartar con los brazos pero le agarré de las muñecas y le dije que dejara hacer, que fuera obediente, que fuera una niña buena. Tal y como estaba sujetándole los brazos contra la cama mientras ella me decía “soy tuya mi amor”, bajé hasta su cuello y comencé a besarlo. Ella movía la cabeza intentando evitarlo presa de la excitación pero yo se la sujetaba con la barbilla mientra le comía el cuello. Sentía como mi pecho aplastaba sus dos tetas mientras sentía su respiración entrecortada interrumpida por algunos gemidos; mi poya estaba punto de reventar y de hecho me dolía de lo dura que estaba, y el cuerpo me pedía follármela salvajemente como mi putita que era, pero quería hacerlo con suavidad esta vez , con cariño, haciéndole gozar lo máximo que pudiera. Mi boca siguió bajando por su hombros hasta llegar a sus pechos . Entonces comencé a besarlos, a succionarlos. En seguida mi lengua comenzó a dar vueltas sobre su pezón, y de vez en cuando lo apretaba con mis labios. Solté su brazos, y empecé a amasar y sujetar sus pechos mientras se los chupaba, y mientras me encargaba de un pecho pellizcaba el pezón del otro y viceversa. “Son todo tuyas mi niño, chúpamelas mi amor, mmm, me gusta…”. Después seguí bajando dándole besitos en su barriguita. Me gustaba aquella tripita. Seguí bajando hasta encontrarme con mi tesoro, ese coñito que estaba esperándome desde hace un rato. Se veían los pelos húmedos y llegaba a mi nariz el olor dulzón de sus flujos y su excitación. Lo tenía a menos de 15 cm de mi cara y realmente me moría de ganas de comerle el coñito a mi madurita. Pasé un dedo y dio un respingo y gimió; estaba chorreando y mi dedo salió empapado. Agarré sus muslos, eché las piernas hacia arriba mientras se las abría y cuando iba a ponerme a ello me dijo que le daba un poco de pudor; le miré a los ojos con una sonrisa y le dije, “relájate cariño y disfruta. Me muero de ganar de comerte el coño mi diosa. Antes te has tragado mi semen ahora quiero probar tu néctar”. “Pero me tienes muy excitada y estoy muy sensible, no se si lo voy a aguantar…”. “sssh” le dije y acerqué mi boca. Primero metí mi nariz y la moví hacia arriba para apartar los pelos y después pasé mi lengua. Dio otro respingo e intentó apartarme con las manos, entonces volví a cogerle los brazos de las muñecas y se los sujeté fuertemente contra la cama mientras hundía mi lengua en sus labios y notaba como ella presa de excitación y por miedo a perder el control intentaba zafarse, pero no se lo iba a permitir, quería que gozara, y además quería que supiera quién tenía el control. Con mis antebrazos apoyados en sus muslos le mantenía las piernas abiertas. Entonces busqué su pepitilla y comencé a pasarle la lengua de arriba hacia abajo presionando su clítoris mientras notaba que su excitación iba en aumento y cada vez jadeaba y gemía más. Le solté las manos para poder sujetarle mejor las piernas y ella levó sus manos a mi cabeza mientras me acariciaba el pelo y me decía, “ay mi amor como me haces gozar, puuuuufff, qué rico, no pares que me voy a correr”. Viendo que estaba totalmente cachonda decidí mojar un dedito con sus flujos y meter la punta en su ano. “A que me haces cochino,…ahh… eres un demonio, qué gusto, sigue chupando cabronazo…aaaah” y se corrió en ese momento.

Me levanté y me tumbé encima de ella y nos besamos con los restos de sus flujos en mi boca. Ya me había dado cuenta que esto le ponía a mi madurita. “Aaah.. eres un demonio” me susurró al oído, ” me vas a matar de placer… Ahora quiero que me hagas el amor”. Cogiendo mi polla la emboqué en su chochito y se la enterré suave suave, despacito. Me tumbé sobre ella en la postura del misionero y empecé un suave vaivén, mientras le besaba el cuello. “Así cariño, así” me decía. Estuvimos un rato haciendo el amor de esta forma acariciándonos, besándonos, sin prisa, hasta que me preguntó “dónde te quieres correr mi amor”. Se me pasó por la cabeza correrme en su boca de nuevo, porque no podía quitarme esa imagen de la cabeza, pero pensé que había vacaciones de sobra para todo ello. “Dentro tuyo mi amor”. “Pues córrete ya si quieres amor, lléname con tu leche”. Al oír estás palabras aceleré el ritmo hasta que me corrí en su vagina, mientras ella me susurraba “mmm, si amor, mmm”…

Estábamos los dos agotados y jadeantes. Nos abrazamos y después de besarnos se dio la vuelta y me pidió que la abrazara por detrás. Me acurruqué a su lado acercando mi paquete a su culazo y nos quedamos dormidos como dos enamorados (que en aquel momento era lo que éramos) . Aquí empezó una hermosa aventura que duró diez días inolvidables de sexo apasionado y amor, que si me animo describiré en otro relato.

Este relato se lo dedico a una persona muy especial. Agradeceré vuestros comentarios que me podéis enviar a jonperez20hotmail.es, especialmente de mujeres maduras a las que les haya excitado este relato.

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