Vas a ser mi putita

Desperté sola en la cama aquella mañana, después de una intensa noche de sexo con mi marido. Estaba desnuda y aún podía sentir la humedad en mi entrepierna. Estaba tratando de recordar todo lo sucedido la tarde anterior en el cine, cuando sonó el timbre, no esperaba a nadie, y me extrañó que llamaran a la puerta tan temprano, pero de todos modos, me puse una bata y fui a abrir. Era el tío que me folló en el cine.

Buenos días, preciosa. ¿Puedo pasar? Vengo a por mi ración de putita – me dijo como si tal cosa.

Mi marido no está – le dije.

Ya lo sé, él me ha pedido que viniera, quiere que te folle, lo grabe y luego se lo envie al despacho.

Me sorprendió un poco oír aquello, pero a la vez me excitó. Le hice pasar y le pregunté:

¿Quieres tomar algo?

No, llévame a tu habitación – dijo autoritario.

Obedecí y le lleve a la habitación de matrimonio. Y mientras él preparaba todo, poniendo una cámara que llevaba en la mano sobre el tocador de manera que enfocara perfectamente la cama, recibí la llamada de Fede.

Hola cielo ¿Está ahí Lorenzo? – Me preguntó.

Sí, acaba de llegar, está preparando las cosas.

Muy bien, portate bien con él y haz todo lo que te diga. A partir de hoy serás su putita, o sea, que harás todo lo que él te diga.

Pero… – Traté de protestar.

Haz lo que te diga. ¿Vale? – Me dijo Fede también autoritario a lo que solo pude responder:

Sí, cielo.

Tras eso colgó. Y entonces sentí las manos de Lorenzo acariciando mi cuerpo por encima de la bata. Me hizo girar hacia él, me situó a un lado de la cama y me quitó la bata. Luego se lanzó a lamer y besar mis tetas y sobarlas, mientras metía su mano entre mis piernas y acariciaba mi clítoris.

¡Uhmmm estás ansiosa por sentir mi polla otra vez ¿Verdad, putita?

Sí – respondí excitada.

Bien, pues a partir de hoy serás mi sumisa, ¿Sabes lo que es eso? – Afirmé con la cabeza – Junta tus manos aquí delante.

¿Qué vas a hacer? – Pregunté curiosa.

Atarte, a partir de hoy, harás todo lo que yo te diga, seré tu Amo y me obedeceras siempre, o serás castigada. Follarás sólo cuando yo lo diga y con quien yo lo diga – dijo esto último mirando a la cámara y luego añadió – y eso incluye a tu querido marido.

Pero… – traté de protestar.

Nada de peros, os pago muy bien para que pongas objeciones. Y por cierto, dejarás tu trabajo, a partir de ya, te necesito a tiempo completo. ¿De acuerdo?

Sí – respondí.

Sí, señor; a partir de hoy me llamarás siempre Señor.

Si, Señor.

Bien, ahora ponte de rodillas sobre la cama, con la cabeza sobre ella.

Obedecí y me puse sobre la cama, apoyando la cabeza y con el en culo alto. Sentí entonces sus dedos, hurgando en mi sexo, estaba tan mojada que cuando me penetró con ellos entraron con suma facilidad y gemí, gemí excitada. Enseguida sustituyó sus dedos por su verga y cuando sentí que me penetraba dando un fuerte empujón dentro de mí, no pude evitar gemir como nunca. Luego me tomó por las caderas y empezó un rítmico movimiento de vaivén que me hizo enloquecer. Gemía sin parar, y Lorenzo me ordenó:

Mira a la cámara preciosa, quiero que tu marido vea la cara de placer que tienes, y como te hago disfrutar con mi verga.

Esas palabras aún me excitaron más y miré a la cámara imaginando que tras ella estaba Fede pajeandose. Lorenzo siguió empujando cada vez más fuerte, sin dejarme apartar la cara de la cámara, sujetando mi pelo con fuerza y castigándome con su verga que se clavaba con fuerza dentro de mí una y otra vez y otra. Hasta que empecé a gemir, a punto de alcanzar el orgasmo.

¡Oh Dios, sí, correte putita! Enséñale a tu marido como disfrutas mientras tu Amo te folla.

Eso desencadenó un maravilloso orgasmo dentro de mí y enseguida sentí su semen llenando mi coñito. Me sentí tan feliz, tras lo cual caí rendida sobre la cama. Lorenzo cayó a mi lado y me desató las manos. Entonces me tomó en sus brazos amorosamente y me dijo:

Te has portado muy bien. Ya sabes que a partir de ahora harás todo lo que yo diga. ¿Entendido?.

Sí, Señor – Afirmé.

Luego Lorenzo se levantó de la cama y se acercó a la cámara, sacó el pendrive donde había grabado todo el polvo y me preguntó donde teníamos el ordenador, se lo indiqué y se dirigió a él tras ordenarme:

Date una buena ducha y luego ponte guapa. Vamos a salir un rato.

Sí, señor – respondí en mi papel de sumisa.

Mientras iba hacía la ducha no dejaba de pensar en Fede y en lo que le parecería la nueva situación. Tenía ganas de verle y hablar con él, pero ni siquiera sabía cuando podría hacerlo.

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