Verano caliente

Tampoco era para tanto. Había suspendido las matemáticas, es cierto, pero pese a ello seguía siendo el buen estudiante que hasta ahora había solido ser

-En septiembre apruebo seguro- le conteste a mama entre dientes mientras seguía limpiando con la bayeta las mesas que había vacías en el bar

-Si en septiembre…apruebas… A saber qué es lo que haces todas las tardes en casa.

La mire molesto, mi madre no tenía el derecho de cuestionar lo que hacía en mi tiempo libre y mucho menos insinuar que ese tiempo no era dedicado para estudiar sino para ver la tele … o… hacer otras cosas.

-¡Me mato a pajas cuando estoy solo en casa!- podría haberle gritado dejando completamente descolocada a ella y a los dos o tres clientes que me miraban sonrientes apoyados en la barra del bar.

Pero decidí callarme y seguir limpiando las mesas mientras ella volvía a la carga con el temita de mi fracaso escolar.

Sabía que mi madre no estaría tranquila si antes no se lo contaba a todo el mundo en aquel pueblo. Así que, le deje que siguiera hablando con los hombres del bar, maldiciéndome por mi mala cabeza y sobre todo por mi repentina falta de motivación hacía todo lo que tuviera que ver con los libros.

Por aquella época, yo contaba unos dieciséis o diecisiete años. No era más que un crio un poco insolente que se pensaba que lo sabía todo en la vida. Pero… ¡cuán equivocado estaba!

Mi madre regentaba el único bar que había en aquel pueblo del sur de Sevilla de no más de quinientos habitantes. Yo la ayudaba con ello por las mañanas y hasta un poco después del medio día. Las tardes eran para mí,…para estudiar.

Ya sabéis, “lo otro”, que también lo hacía no se cuenta.

Era bajito, más bien lampiño, la barba me salió mucho después de hacer el servicio militar. En aquellos tiempos era un chico normalito, pero eso sí, guapo y bastante educado.

Conocía a todo el mundo en el pueblo por sus nombres y todos me conocían a mí.

Así son las cosas en esos pueblos tan pequeños en los que durante el verano, no hay más que sol y moscas.

Ese año la novedad, además de mi suspenso en matemáticas fueron esos albañiles que vinieron al pueblo.

Eran de fuera, de Madrid. Todo el mundo hablaba de ellos, pues además de estar haciendo una de las obras más importantes y necesarias, para un pueblo (el nuevo ayuntamiento), llevaban en la cuadrilla a un negro.

-¡Un negro en el pueblo!-murmuraban las vecinas cuando se empezó a comentar en las esquinas.

Poco después se quedaban petrificadas cuando lo veían pasar por su lado acompañando al resto de los obreros.

Venían al bar de mi madre, para comerse el bocadillo. También el negro. Yo les servía las cervezas, el café y unos licores con los que iban cargando su sangre con un grado de alcoholemia más que aceptable para trabajar en la obra.

He de decir que no solo miraba con curiosidad al negro, los miraba a todos por igual, ya que esos cuerpazos fuertes y musculosos de piel morena, estaban para pasarte así todo el día.

A ellos les dedicaba las muchas pajas que me hacía cuando podía escaquearme del bar durante un par de horas.

Se suponía que me iba del bar para poder estudiar pero al encerrarme en casa me la machacaba con fervor recordando a esos machos de cuerpos bastante peludos y hablares soeces

En mi frenesí pajillero los imaginaba follando, pero al pensar en sus pollas comenzaba a fantasear y…

Los cuerpos desnudos de sus mujeres, novias o esposas, se esfumaban en el aire para dejarme una visión completa y apetecible de sus cuerpazos completamente desnudos.

-Estoy salido. Lo sé. Pero como ya os he dicho, en un pueblo tan pequeño era difícil encontrar un desahogo para estos instintos que me asolaban y asaltaban cada día.

★ ★ ★ [Un chico muy observador]

Reconozco que cuando mama me ordenaba darle una pasada a los aseos del bar regruñía más de la cuenta. Finalmente tras ser advertido y de paso amenazado hasta la extenuación agarraba la fregona y el cubo. Murmurando me encerraba en los baños para adecentarlos un poco.

No gastaba mucho tiempo con el de las mujeres, pues pocas eran las que entraban a ese bar. (Más que nada porque en esos años no era costumbre que las esposas pasaran el tiempo en el bar). Pero si me entretenía en el de los hombres, el tiempo justo como para conseguir que llegaran los obreros dispuestos a comer. Esto sucedía justo cuando yo estaba pasando la fregona en esos baños.

Intentaban excusarse, pero les decía cordialmente que no se preocuparan.

Gracias a mi amabilidad y a mi prudente y calculada espera veía esas pollas salir del pantalón o el mono de trabajo que llevaban puesto.

Reían y hablaban de sus cosas sin importarles que alguien pudiera formar parte de sus confidencias. Los veía mear y sacudírsela despreocupadamente. Casi siempre hablaban del trabajo y de temas insustanciales, ignorando que tenían junto a ellos a un joven que devoraba esas pollas flácidas y oscuras con la mirada.

Después me miraban a mí, pidiéndome perdón por haberme dejado todo manchado

Sé que lo estáis pensando ahora mismo, y he de deciros que sí. ¡Se la vi también al negro! Aunque en ese estado de flacidez tampoco podía concretaros si tenía una polla grande o no. Era como la de los otros, apetecible, pero más oscura y venosa

Puede que no me diera cuenta en esos momentos, pero ahora visto desde la distancia que me ofrecen los años, pienso que tal vez esos albañiles me estuvieran probando. Intentando saber si era un marica, como ellos pensaban o solo un joven con curiosidad que observaba esos penes flácidos para compararlos con el suyo propio.

-¿Qué hay hoy de menú?- Me preguntaba uno de ellos mientras se la agitaba con fuerza antes de guardársela en el interior de su calzoncillo.

-Creo que lentejas, …

-Pues ya sabes lo que dicen, o la tomas o la dejas-me contestó ese grosero obrero que sutilmente se agarró el paquete para agitarlo por encima de su mono de trabajo.

Yo me encogía de hombros, sin saber muy bien si esa insinuación iba o no por mi mirada y seguía pasando la fregona, esperando que pasara el siguiente, para poder ver lo mismo que había visto con el anterior.

Quizás, con algo de suerte, si se entretenía un poco en guardársela pudiera verle algo más.

Uno de ellos hasta se sacaba los huevos para mear, dejando caer su pantalón hasta media pierna.

Soy un chico bastante observador y la verdad es que con esos albañiles despreocupados no me faltaban las ocasiones de ver pollas en estado de semi-erección.

★ ★ ★ [La Piscina municipal]

Los albañiles estaban construyendo el nuevo ayuntamiento y junto a él la piscina municipal.

Todos los mozos estábamos deseando que concluyeran la obra para poder gozar de semejante lujo en el pueblo, pero esa construcción se estaba eternizando, alguien debía meter prisa a esos albañiles y entre los jóvenes del pueblo yo era el que más contacto tenía con ellos.

Me dirigía al capataz, Paco, de 50 años.

Bastante bruto, pero se le notaba que era el que llevaba la voz cantante.

Curiosamente era el único que tenía casa en el pueblo, el resto iban y venían desde la capital en una vieja furgoneta blanca.

Hace unos veranos, Paco, fue motivo de todos los chismes habidos y por haber pues no vino a veranear con su mujer.

(Ahora todos sabíamos que se habían separado).

Paco, era pues, el primer divorciado con el que contaba el reducido padrón municipal.

-Don Paco. ¿Le queda mucho a la obra?-Le preguntaba cada día cuando llegaba al bar.

-¡Menos que ayer!, hijo-me decía el sonriente.

-¿Y la piscina cuando va a estar?

-La empezaremos después de acabar el ayuntamiento.

Yo no entendía nada. Porque no habían empezado primero por eso. La piscina municipal era algo imprescindible para los mozos del pueblo, lo otro, el ayuntamiento, solo valdría para que nuestros padres tuvieran algún lugar donde ir a quejarse cada vez que tuvieran que pagar los impuestos.

Así se lo hacía saber a ese hombre y el aceptaba gustoso mis críticas.

-¡Déjate de jugar a ser el próximo alcalde y ponte a estudiar!-me recriminó mi madre mientras me daba una colleja.

Volví al rincón del bar en el que extendidos sobre la mesa estaban mis apuntes de matemáticas.

Siempre había sido un chaval muy estudioso, se me daban bien las asignaturas de letras aunque las matemáticas, me traían un poco de cabeza.

Las tardes en ese pueblo eran aburridas, muy aburridas, pero cuando se tiene que estudiar matemáticas mucho más.

Don Paco me miraba desde su mesa, en la que rodeado de obreros se reía con sus chistes y hasta algunas veces lanzaba alguno él.

-“¡Como queremos que terminen la obra si se pasan más tiempo aquí bebiendo y riendo que en ese edificio trabajando!”-Pensaba yo algo molesto.

Esa noche cuando todos los jóvenes del pueblo nos reuniéramos en las afueras para avanzar acontecimientos pensaba comentárselo a los otros. Debíamos organizar una clase de motín en el que exigiéramos la conclusión inmediata de las obras, pero cuando llegué al sitio en cuestión todos estaban rodeando al recién llegado.

Cuando se apartaron vi con estupor que se trataba de Paquito, el hijo de don Paco.

★ ★ ★ [Paquito]

Nos saludamos con cierta frialdad. Como se suele hacer y porque al fin y al cabo ya nos conocíamos de otros años. Tendría unos veinticinco años y llevaba la porra de veranos sin venir al pueblo.

El y sus padres vivían al fondo de mi calle, justo antes de que se supiera de todo eso del divorcio y de que sus padres habían terminado por separarse.

Después de aquello supe que no venía al pueblo porque se había echado novia.

Reconozco que siempre que le preguntaba por él a Don Paco este me miraba intrigado intentando adivinar él porque quería saber de su hijo y de sus andanzas por la capital, pero a medida que fueron pasando los veranos me fui olvidando de él.

-“¿Por qué había vuelto?”-Me auto pregunté sin saber muy bien lo mucho que cambiarían de nuevo para mí las cosas después de su llegada al pueblo.

¿Lo harían de la misma forma en la que cambiaron cuando una noche me enseñó lo que era eso de “hacerse una paja”?

★ ★ ★ [La leche]

Llevaba ya tanto tiempo jugando con mi polla, que si os dijera que no sé cuando empecé a hacerlo, os mentiría.

Empecé con Paquito y lo hicimos a las afueras del pueblo.

Justo cuando las calurosas noches del verano comenzaban a caer sobre nuestros sudados cuerpos.

Los otros chicos eran tan pequeños que estaban ya en sus casas cenando o en la cama.

Paquito y yo éramos los más grandes y por eso teníamos libertad para deambular por esas calles hasta que nos viniera en gana.

Esa noche en concreto, ambos estábamos completamente en pelotas, tocando nuestros endurecidos pitos y murmurando lo bueno que era eso que estábamos haciendo.

Mi polla era pequeña, pero ya se me ponía bien dura. Algún pelo rubio ya apuntaba por la zona del pubis.

La suya no lo era. La tenía más gorda que la mía pues alguna vez me dejo tocársela en la oscuridad de la noche.

Tanteé su desnudo cuerpo sin dejar de pajearme. Paquito tenía mucho pelo creciendo en los alrededores de su endurecido rabo y también en su ombligo.

-¡Tienes un montón de pelo!-Le decía yo sin dejar de acariciar su desnudo cuerpo.

-Sí, ya verás como dentro de poco tú también estas así.

-¡Ojala se me ponga igual de grande que tú la tienes!- Le decía mientras se la cogía unos segundos para ver el tremendo calibre que atesoraba su endurecida herramienta.

-¡Ya verás como si!-Me decía Paquito mientras dejaba que prácticamente fuera yo quien le hiciera la paja.

Era verano, hacía calor y estábamos completamente enviciados en ese jueguecito. Andábamos muy calientes y cada vez nos costaba más lograr que los otros chicos se fueran para sus casas, pero debíamos lograrlo.

(Así fue como me empecé a forjar como líder del grupo)

Obviamente cuando Paquito no estaba, era yo el que mandaba sobre todos los otros, pero cuando lo tenía a mi lado me convertía en un chico sumiso y obediente que hacía todo lo que el madrileño me pedía.

-¡Chúpamela un poquito!- Me decía en un susurro, cansado ya de que el meneo que le estaba dando a su endurecido rabo no diera el resultado esperado.

-¡Es que me da mucho asco!

-Venga joder, no empieces otra vez con eso. Si luego te terminas tragando hasta la lefa.

-Lo hago porque no quiero que se te manchen los calzoncillos.-Le justifiqué al verme atacado de una forma tan vil.

-Venga comémela un poco y luego te doy yo un poco a ti.

Dejé de menear mi rabo, pero no el suyo. Me arrodillé aprovechando que él se había sentado en un rulo de piedra con el que se trillaba la paja, para extraerle el grano.

(Yo lo que quería sacar de esa polla y de esos gordos y peludos huevos era su leche)

Seguí meneándosela arrodillado y Paquito me lo volvió a pedir.

-¡Chúpamela!

-¡Me da asco!

-¡Chúpamela!…

(Hizo una pausa que concluyó con un suspiro)

-¡Vamos no seas tonto!

-¡Que no!

-¡Chúpamela!

-Avísame cuando te corras-Le dije mientras me engullía ese duro y caliente pollón.

Paquito suspiró aliviado y colocó su mano sobre mi cabeza. Continuó por acariciar mi pelo al igual que se hace con un perrito que se está portando bien.

-Tienes que lograr sacarme la leche bien pronto, pues nos están llamando-murmuró entre suspiros

Era verdad, nos estaban llamando, oí las voces de mi madre y él escucho los gritos que daba la suya. Pero ni Paquito ni yo nos volveríamos para el pueblo hasta que sus huevos hubieran descargado en el interior de mi boca.

Mamé polla sin pretender contestar al requerimiento. Tampoco le hablé a él comentándole el temor que tenía de ser descubierto haciendo esas cochinadas.

Paquito tampoco gritó, pues eso hubiera revelado su posición. Se sentía seguro dejándose comer la polla oculto por la oscuridad de la noche.

(Nadie nos vería de esa guisa si no se acercaba lo suficiente)

Tampoco es que nuestros padres se preocupan mucho por nuestras constantes ausencias al oscurecer. En el pueblo no hay el peligro de que te hagan nada malo pues todo el mundo se conoce.

Paquito me daba para cenar polla cada noche y como consecuencia de ello mama se preocupa por mí pues cuando volvía a casa lo hacía sin apetito alguno

-¡Madre mía chaval, como la comes de bien!-me decía el madrileño mientras yo seguía mamando esa polla.

-Mmmmmmmm-le respondía yo con un duro y chorreante nabo en mi boca

Paquito me sujetaba de la cabeza y me clavaba las uñas en el cuello, cuando estaba a punto de terminar, pero casi nunca me decía que iba a correrse en mi boca.

(Parecía disfrutar con ello)

Yo, al sentir mi lengua inundada por ese viscoso líquido comenzaba a tragármelo.

¡Al fin y al cabo aquello era leche!

Estaba algo agria, y amarga, pero al no poder tragarme la mía, puesto que de mi polla no salía más que pis, me contentaba con el prestado y blanquinoso néctar de Paquito

★ ★ ★ [Las clases de recuperación]

Cuando toqué la puerta, Paquito no tardó en salir. Llevaba puestas unas bermudas de flores junto con unas chanclas, e iba sin camiseta.

El pecho lo tenía cubierto de vello, quizás tuviera mucho mas pelo que hacía unos años y no tenía tableta de abdominales porque en aquellos años con no tener barriga bastaba.

-“¡Qué bueno esta el cabrón!”-Pensé para mí mientras le relataba el motivo de mi presencia ante la puerta de su casa.

Mis padres habían acordado que fuera él quien me diera unas clases de recuperación, puesto que al estar estudiando una ingeniería sabría mucho de matemáticas.

Don Paco estuvo también de acuerdo y me pidió que pasara por su casa la tarde siguiente.

-¿Qué quieres?-Me preguntó algo molesto. Era evidente que no esperaba que fuera hasta la misma puerta de su casa.

Yo tampoco quería ir, pero aun a regañadientes, me encaminé hasta ella cargado con esa mochila a mis espaldas

Al ver como Don Paco no le había explicado a su hijo que iba a ser mi nuevo maestro decidí hacerlo yo pero él me invito a entrar y subió por las escaleras sin mirarme apenas.

Yo estaba molesto con él, había vuelto para el pueblo y me había robado mi liderazgo. Ahora todos los chicos hablaban de lo listo que era Paquito, lo fuerte que estaba y lo gracioso que era contando cosas.

-“Pues como os lleve por las noches a las afueras del pueblo, vais a ver de lo que es capaz Paquito”-Pensaba para mí.

-Cuéntame, que tal te ha ido todo este tiempo sin mi- me preguntó con desinterés mientras repasaba mis apuntes para ponerse al día en las cosas que tendría que enseñarme.

-Bien, pensaba que ya no te volvería a ver nunca más. Como tus padres se separaron.

Me miró con la intención de mandarme a la mierda pero volvió la vista aburrida a mis apuntes.

-Paso los fines de semana con mi padre y el resto del tiempo con mi madre. Los veranos alternamos, uno con ella y otro con él. Este es el primero que me toca pasar en este aburrido pueblucho.

-Muy bien- Le dije yo mientras pensaba en lo bien organizada que le quedaba la vida a los hijos tras los divorcios de sus padres.

-Yo también pensaba que te quedarías por las noches merodeando por las afueras del pueblo-Me dijo el al verme un rato sin hablar.

Estaba ahí medio pasmado mirando su cuerpo semidesnudo como si estuviera deseando que me lo pidiera ya mismo.

-No, hace ya mucho tiempo que no vamos por allí.-Le dije yo

-Anoche nos fuimos unos cuantos, y nos lo pasamos muy bien-Me contestó Paquito mientras me miraba a los ojos expectante por ver cuál sería mi reacción.

-Son unos niñatos. No tienen ni idea de nada.

-Tú tampoco la tenías pero aprendiste bien.

Su mano fue hacía su bermuda donde se recoló el rabo. Fue algo fugaz pero pude ver con claridad como un bulto considerable había engordado ahí abajo.

-No sabía que repasar las matemáticas te pudiera poner cachondo-Le recriminé yo al ver como con cada vez más insistencia se recolocaba el paquete.

Me miró con una sonrisa boba antes de contestarme.

-No lo que me ha puesto cachondo es que antes de llegar me he estado un fumando un cigarrito de la risa y estaba a punto de hacerme una paja cuando has llamado.

-Por mi puedes hacértela. Me voy y vuelvo dentro de un rato.

-O puedes quedarte y hacérmela tú como en los viejos tiempos.

-¡Claro y después te como la polla hasta que te corras en mi boca!

No tengo ni idea de si esa tarde el se llegó a enterar o no de lo que tendría que explicarme ya que para cuando salí de su casa poco a nada me había hablado de derivadas e integrales y si mucho me había puesto a recordar de cómo se pajeaba una polla y se debía comer bien comido un nabo.

Cuando llegue al bar, mi madre me preguntó qué tal me habían ido las clases de repaso y con el regusto amargo de su polla y el semen de Paquito, saliendo a borbotones por mi ojete, le contesté que bastante bien.

★ ★ ★ [El superhéroe]

Las visitas a su casa pasaron desde ese día a convertirse en una especie de juego perverso, en el que yo me volvía a convertir en el personaje sumiso que un día fui.

Nada más entrar por la puerta me obligaba a desnudarme, después me hacía subir con él hasta su habitación donde más pronto que tarde, me ponía a comerle el nabo a discreción.

En más de una ocasión nos llevamos algún susto porque oímos el timbre de casa y hasta las puertas de la casa abrirse, pero después de bajar o asomarse por la ventana para mirar me decía que no me preocupara que solo era el sonido que había producido el viento o los otros críos del pueblo que andaban enredando en la calle.

Yo lo miraba como un tontilán con los calzoncillos puestos en la cabeza. (Me los ponía de tal forma que dejaba que mi nariz fuera cubierta por la parte en la que solían ir mi polla y los huevos aspirando con ello el aroma que desprende el sexo. Su habitación también olía a eso. Ahora lo sé)

-Tranquilo si estamos al final de la calle, aquí no viene nadie nunca.

-Puede venir tu padre, le decía yo mientras le agarraba el chorreante nabo para pajeárselo

-Sí,…o tu madre para ver como llevas las clases de repaso

-Mis ropas estan en la entrada, si vienen tu padre me pillará desnudo en tu casa.

-Tú come polla y dejame a mi para dar las explicaciones que correspondan- me decía el mientras me metía su polla en la boca para quitarme con ello los temores a ser atrapado en semejante forma.

Después me bajaba el calzoncillo hasta dejármelo por debajo de mi rariz.

-Vamos sigue mamando, chúpame bien la polla.

Me creía un superhéroe con la cabeza cubierta de esa forma. El por su parte disfrutaba viéndome resolver los ejercicios con solo esa única prenda puesta y me llamaba capitán comenabos.

Así era como acababa con los villanos de ese jodido pueblo, arrodillándome delante de sus abultados pantalones para sacarles el durísimo nabo y metérmelo en la boca.

Con esas historias que él se inventaba lograba que mi pito se endureciera al máximo y desnudo como estaba se reía de mí.

-Parece ser que ya estas deseando que te de tu ración de leche, me decía Paquito mientras se quitaba las bermudas para quedarse completamente en pelotas.

-Me quedan solo dos integrales por resolver, le decía yo mirándolo a través de las aberturas que había en mi cabeza semitapada.

-Pues come polla mientras escribes- me decía él mientras se subía a la mesa y subiendo el calzoncillo por encima de mis labios, enchufaba su duro rabo en mi boca.

Ni que decir tiene lo difícil que resulta el hacer los ejercicios de matemáticas mientras tienes que comerte una polla.

(Es imposible mantener un mínimo de concentración por lo que Paquito me recriminaba en los muchos errores que cometía)

-¡Si es que no das una! Y mira como tienes los apuntes ya todo arrugados y pringosos.

Todo en parte era culpa suya ya que Paquito se subía a la mesa donde se arrodillaba haciendo que las hojas se arrugaran y mancharan con mis babas y al final también con su semen.

En esta posición su polla quedaba a la altura de mi cara, yo me la engullía y chupaba, olvidando por completo lo que tenía que hacer hasta que Paquito me lo recordaba.

-Deja de chupar y escribe, que como te equivoques tendré que castigarte.

Sabía que irremediablemente terminaría así.

Siendo obligado a sentarme en el sofá, pero encima de él. Justo encima de su dura y chorreante polla.

Al caer sobre su cuerpo su endurecida y ensalivada polla rozaría mi ojete antes de ser introducida en su interior.

-Aghhhhhh- gemiría yo al ser clavado una vez más por ese pervertido.

-Venga maricón, salta sobre mi polla-me diría él sin dejar de mirarme a los ojos

Los apuntes descansarían ya olvidados sobre la mesa mientras “el capitán comenabos” se auto-sodomizaría con la polla de ese chuleta madrileño.

La lefa que ese villano inyectaba en mi culo me servía de antídoto a mi ignorancia y poco a poco fui resolviendo los molestos ejercicios con mucha más facilidad.

★ ★ ★ [El fin de las clases]

Aquella tarde cuando entre en el comedor de su casa desnudo y con los calzoncillos en la cabeza. Me extrañé un poco al encontrar la estancia plenamente a oscuras.

Había bajado la persiana hasta abajo del todo y no me dejó encender la luz.

Me contó que esa tarde nos íbamos a tomar un descanso en las clases pues quería ver si era capaz de superar un examen sorpresa.

-¿Examen sorpresa de que?-Le pregunté extrañado

-De comer pollas.- me susurró a la oreja, mientras agarraba mi mano para dirigirla hasta su dura polla.

Me senté en el sofá y noté como su desnudo cuerpo se posicionaba delante de mi cara, después de rozarme un poco en los labios con el endurecido y vibrante capullo me enchufó su dura polla en la boca.

Paquito suspiró aliviado al notarse mamado y yo gruñí complacido al poder gozar de semejante ejemplar.

Mamé con cierta ansia y desespero por lo que de vez en cuando se la sacaba para evitar correrse.

Su polla a veces tardaba en volver por lo que es casí normal que al hacerlo viniera no tan mojada por mi saliva, pero siempre volvía a rozar mis labios bien gorda y dura, dispuesta para que continuara mamándosela.

Con su mano me sujetaba del hombro para evitar que me levantara y finalmente dejándome llevar dejé que fueran los otros sentidos que no tenía cegados los que me hicieran obtener el placer que ansiaba encontrar en esas clases.

Cuando el duro y vibrante pollón, de Paquito, me rozaba los labios, mi boca se abría para chupar y mamar con desesperación.

Alguna vez llegué a escuchar su voz un poco alejada pero en lugar de extrañarme por ello seguí chupando ese rabo, más duro de lo normal y más gordo de lo que sería propio de un chaval de veinticinco años.

-¿Te gusta comerme la polla?- me preguntaba Paquito en la oreja

A lo que yo le contestaba sin dejar de cascármela.

-Me encanta. ¡Esta riquísima!

-¿Quieres que te folle ese culo de marica que tienes?

-¡Pero si te acabas de correr!- murmuré mientras me relamía con los restos de la corrida recién depositada en mi boca.

-¡Hoy tengo más aguante que nunca!- Oí decir a Paquito mientras me tumbaba en el sofá y me colocaba con las piernas apoyadas sobre el respaldo

Me embistió sin piedad sin dilatarme el ojete siquiera.

Bueno, miento, si me dilató. Usó para ello un poco de mantequilla que restrego por mi palpitante ano de una forma algo burda. Grité de dolor y escuché su risa.

-No seas maricón y no grites tanto que te van a oír en la calle.

-Es que vas muy rápido joder, … me duele un pocoooo

Apoyé la cabeza en un cojín mientras Paquito me sujetaba y penetraba con las piernas en sus hombros por lo que mi culo quedaba bastante expuesto a su antojo.

Mis manos se clavaban en la espalda de ese sudado y velludo cuerpo, arañándolo un poco con mis juveniles manos y notando como esa polla se arqueaba en mi interior dejándome preñado con su descarga.

Antes de que pudiera incorporarme su polla volvió a buscar posición en mi abierto ojete.

-¿Es que no te has corrido ya?- Le intenté preguntar yo mientras alargaba mi mano intentando encontrar en los alrededores de mi ano la humedad propia de una buena corrida recién soltada.

-Síiiii, … pero espera, todavía la tengo dura y voy a darte un poco más- me dijo Paquito mientras apartaba mi mano de un manotazo

Efectivamente volvía a tener su rabo durísimo y chorreando jugos. Totalmente listo para follarme

-¡Que dura esta!-Exclamé

Yo me puse un poco nervioso porque no sabía bien lo que estaba pasando. Olía a sudor por el calor que hacía, a humo de tabaco y un poco a hombre

(Ahora ya sé lo que es el olor a hombre, pero en mi adolescencia no).

-¡Está mucho más gorda que antes!-grité al notarme penetrado

-¡Vamos, capitán comenabos, no digas sandeces!

Tenía razón ¿cómo iba a tener la polla más grande y gorda? Y con más razón después de haberse corrido

-Me duele un poco, ve más despacio

Lo oí murmurar algo cabreado, era como si con mis palabras le estuviera cortando plenamente el rollo.

-Solamente te he metido el capullo, ahora te meteré un poco más de polla.

-No por favor, me está doliendo mucho.

-Calla, no sabes lo que vas a disfrutar.

De un empujón me clavó media polla y yo grite, quería morirme de dolor y el cabrón se reía y me decía:

-¿Te gusta putita? ¿Te gusta sentirte así?

-Si dame más rápido, aghhhhh … me encanta que me folles con ese pollón que tienes

Entonces acercó su cara a mi oreja para preguntarme:

-¿Te gusta cómo te follo?

-Siiiiiiiii, … me encanta

-¿Quieres que me corra en tu culo?

-Siiii, ahgghhhhh si lléname el culo de lecheeeeee

Recuerdo que pegué tal grito que tuvieron que oírme los vecinos de las calles de al lado, pero él no le dio importancia.

Pues al correrse soltó un berrido que se tuvo que oír hasta en el bar.

Yo me asuste un poco, pero no me permitió que me levantara del sofá.

Entonces noté como su polla dura a reventar, otra vez, volvía a meterse de nuevo en mi dolorido ojete.

-Yo le gritaba que me dolía, que parara y él me dijo que no, que lo que necesitaba era relajarme un poco.

De repente sacó la polla de mi culo y dos o tres pedos salieron disparados. Él me dijo que era un cochino y que como premio me la iba a volver a meter.

Esta vez fue de golpe, sin mucho miramiento.

Cada vez me dolía mas.

Pasados 5 minutos, oía como gemía y como se reía. Entre la música no le oía bien, pero a veces me daba la sensación que mientras me follaba como un toro hablaba como por el móvil, pues era imposible que nadie más estuviera con nosotros, agudicé un poco el oído pero no conseguía escuchar lo que decía.

Me acaba de empalmar, él cogió mi polla fuerte y empezó a bombearme muy fuerte, llamándome cosas como puta, guarra, maricón, te voy a reventar el puto coñito que tienes. También me escupía en la cara, yo estaba totalmente ido, cachondísimo.

De repente noté como me regaba por dentro con su leche.

Pegó un bufido como un toro y se quedó unos minutos dentro de mí. Después se salió pero yo seguía con mi pollita dura y los ojos cegados, en esa habitación completamente a oscuras. Intenté incorporarme, pero no me dejo, tampoco quería que me quitara el calzoncillo de la cabeza.

-Deja que te folle un poco más y lo dejamos por hoy-me dijo

-¿Cómo? ¿Otra vez?-le pregunté mientras fallaba de nuevo en mi intento por ver qué estaba pasando allí.

-Es que hoy me has pillado cachondísimo-me aclaró Paquito

Cuál fue mi sorpresa cuando noté que de nuevo me metía la polla en mi culo y empezaba a follarme de nuevo.

-¿Cuantas veces te vas a correr?- Le pregunté confuso.

-Las que hagan falta para que apruebes este examen, me dijo mientras seguía bombeando

Esta vez lo sentía mucho más rico, más suave, mi culo estaba abierto en canal. Debía ser la mezcla de la mantequilla con la que me lo había lubricado al principio, el sudor y la leche que apenas unos minutos antes me había dejado allí dentro. Me follaba como un animal. Mucho más fuerte y con mayor potencia que antes.

-Así putita, gime como una puta-me decía

-Agggggggggggg siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii dame papi dame

-Tranquilo papi ya te dio, mañana si quieres te da más

(Yo no entendía nada)

-Si por favor, sigueee, agghhhh, rómpeme el culo….. me gusta, dameeeee, … siiii

-Si putita si, te voy a dejar bien preñada. Ohhhhhhhhhhh siiiiiiiiiii me corró joder, me corro…agggghhhh

Y pegando otro bufido me dejó de nuevo toda la leche dentro.

Era increíble que ese chaval se hubiera corrido cuatro veces seguidas y con esa cantidad de leche.

Yo sin embargo, solamente había conseguido echar unas gotitas de leche sobre mi barriga imberbe.

Quise quitarme el calzoncillo de los ojos y no me dejó. Me puso en pie, esperó un par de minutos y me lo quitó. Me dijo que se iba a por una cerveza a la cocina, que esperara allí hasta reponerme.

Me senté, pues lo creáis o no tenía el culo roto. De pronto oí como la puerta de la calle se abría.

Me asusté y cogí mi ropa rápido pero mis calzoncillos no estaban, fui corriendo hasta la ventana, asustado, para ver, pues ilusamente pensé que tal vez se tratara de Paquito saliendo para ir a comprar algo

Me quedé helado al ver a su padre subiendo en la blanca furgoneta, lo hizo en el asiento del acompañante, por lo que deduje que alguien más lo había acompañado en el interior de la casa.

Miró hacia la ventana y me sonrió.

Me escondí, pero al pensarlo mejor, volví a asomarme.

La furgoneta estaba en marcha, pero lo vi juguetear con mis calzoncillos de cochecitos en su mano mientras hablaba y reía con los del interior

No lo podía creer, pero algo raro pasaba allí, o el padre nos había visto y me había robado los calzoncillos o me habían estado follando padre e hijo, y tal vez también el espíritu santo.

Todo ello sin contemplaciones

Lo único que tenía claro es que Paquito no era el más adecuado para resolver tales dudas, pues se rió de mí. Me dijo que estaba loco, que nadie más, que el solo era el que me había follado.

Pero mientras me hablaba solo pensaba en una cosa.

¡Tenía que recuperar como fuera esos calzoncillos!

FIN

Queridos y apreciados lectores, permitánme estas lineas para agradecerles su paciencia y dedicación al leer y cometar mis relatos. He de aclararles que esta historia no es mía sino de un amigo que me contacto hace ya unas historias y que me costó una buena paja la primera vez que lo lei.

Me dió tambien la licencia de modificarlo a mi gusto pero aunque si es cierto que le he hecho algunos cambios, si he intentado mantener su esencia. Espero que el resultaod os haya complacido tanto como a mi editarlo y escribirlo.

Aprovecho también estas lineas, en plan Machi, para contestar a todos los que me han contactado durante estos días.

En primer lugar gracias a ti amigo pajillero de la oficina. Espero que sepas perdonar los cambios realizados, que entenderas perfectamente cuando escriba una segunda parte de esta historia (todavía no lo tengo previsto, pero admito sugerencias)

Tambien gracias a ti amigo taxista del norte. Espero que este tambien te haya gustado. Aunque tu devoción es tal que siempre te gustan todos.

Por supuesto gracias al viejete pervertido que hará un comentario en el que dira que esto pasa mucho. Ójala me pasara a mi, pues este chico debío de gozar mucho aquel verano en ese pueblo.

A los lectores vascos (jamas pensé que pudiera gustar tanto en el norte de España), gracias por leerme y escribirme. Tambien a ti que fuiste el primero y eso nunca se olvida.

Al almeriense que quiere quedar conmigo le pido paciencia, pues de momento muchas serían las explicaciones que tendría que dar para poder hacerlo, pero todo se andara.

Y luego a los que estan al otro lado lado del charco, gracias. A ti mejicano por tu delicadeza y por la ilusión con la que escribes. Al venezolano que no sabe como me pone y a todos los otros que no se muy bien de donde son pero que tambien me siguen con pasión.

Y luego esta Gable, al que le dedico la escena de la fregona. (Ya ves que limpiadores de baños pillines ha habido muchos)

A los que me he dejado sin mencionar, les pido perdon, y a los que califican mis historias como terribles sin comentar nada mas tambien. (Algo malo les habre hecho)

Un abrazo y si no nos vemos antes feliz navidad y final de año

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