Viaje en autocar

Finales de junio, habían acabado las clases, mi interés era poder llegar a la costa, a la casa de la playa de mis tíos. Tenia dos opciones esperar 15 días para ir en coche con mis tíos o bien salir inmediatamente en autocar. La primera era la mas cómoda; la segunda era un verdadero rompe huesos, no solo por la duración, casi 15 horas (nueve horas de autocar, una espera de 3 horas para coger otro autocar y nuevamente 3 horas de viaje), sino también la hora de salida, a las 10 de la noche, el trayecto era totalmente nocturno.

Mis ganas de llegar a la playa era más que suficiente para que escogiese la segunda opción. El viernes a las 9 de la noche estaba en la estación de autobuses, me sorprendió ver tanta gente para ese viaje, esperaba que solo fuéramos cuatro gatos.

Faltando 15 minutos para las diez de la noche el autocar abrió los portones inferiores para las maletas, deje la bolsa de deporte grande, llevándome conmigo la pequeña mochila, como no tenia prisa por subir deje pasar a varias personas antes de entrar yo.

El autocar era grande y espacioso, al entrar por primera vez mire el billete, fila 8 asiento B. Fui contando y mirando en la parte superior donde estaba grabada el numero de fila, me di cuenta los asientos B y A eran los de la derecha, el A correspondía a la ventana, por fin le fila 8, pero el asiento B estaba ocupado por una señora.

– Buenas, creo que esta ocupando mi asiento – dije.

– Perdona, yo tengo el que va en la ventana, pero me da pánico, sino te importa podríamos cambiar el asiento – dijo la señora.

Lo cierto es que a mi me daba lo mismo, me fije en la mujer debería tener unos 40 años aunque intentaba aparentar algunos menos, sobretodo por la forma de vestir, blusa rosa muy escotada y falda vaquera corta, que al ir sentada aun se le quedaba mas corta.

– No me importa, yo iré en la ventana.

Deje la mochila en el reservado para los asientos no sin antes coger la radio de bolsillo y los auriculares, y me senté.

– Me llamo Olivia, aunque me llaman Oli – dijo la señora.

– Mi nombre es José Antonio, encantado de conocerla se… – no me dejo terminar.

– Llámame Oli, y por favor tutéame, ¿Cuantos tienes? 18, 19 yo tengo un hijo de 20, he estado unos días con el y me vuelvo para casa.

– Tengo 17… Oli.

– Que joven. ¿Es tu primer viaje en autocar?

– No, bueno tan largo si.

– Yo lo he hecho unas cuantas veces, no es tan malo…

No pudo seguir pues el conductor y su ayudante comenzaron a dar instrucciones; en el fondo del autocar había una escalera, bajándola había un pequeño servicio, y recalcaron que era de urgencia. Nos dijeron que el viaje duraba unas 9 horas, se tenía previsto llegar al final del trayecto sobre las 7 de la mañana, aunque realmente de viaje solo eran 8, a lo largo del trayecto se hacían varias paradas. La primera seria tras 3 horas y media, la parada seria de media hora, donde podríamos aprovecharla para estirar las piernas, ir al lavabo y tomar algo si queríamos. La segunda parada seria tras unas 3 horas, la parada seria solo de un cuarto de hora, para el cambio de conductor y las necesidades más urgentes, también se quedaría algún viajero. Y a partir de esa parada las paradas se sucederían para ir dejando viajeros.

Seguidamente comenzó el viaje.

– ¿Hasta donde vas? – pregunto Oli.

– Hasta el final, allí deberé esperar para coger otro autocar.

– Que vas a ver a tu novia.

– Oh, no. No tengo novia.

– Pero un chico tan guapo y tan buen mozo tendrá alguna “amiga” – esto ultimo lo dijo con cierta intención.

Posiblemente era mi imaginación, pero me daba la sensación que me estaba tirando los tejos.

– Alguna… – dije mecánicamente.

– Haremos juntos el viaje, yo también voy hasta la última parada, vivo justo enfrente de la estación donde paramos.

Paro de hablar, yo cogí los auriculares y comencé a escuchar música, de reojo miraba a Oli, la forma de colocarse, incluso de moverse hacia que su blusa se abriera dejando ver parte de sus pechos bien sujetos por el sujetador, a su vez abría las piernas intentando cruzarlas dejando ver sus braguitas. Todo ello me estaba poniendo muy cachondo, cuando alguna vez nuestras miradas se cruzaban me daba la sensación que lo hacia queriendo, y que sabía lo que me sucedía.

La luz en el autocar era tenue, las cortinas iban echadas por lo que algunos asientos tenían las luces encendidas para poder leer. Después de un buen rato de silencio.

– Es buena – dijo al ver que me quitaba los auriculares.

– El que – dije mecánicamente.

– La música que escuchas.

– No se música, son las noticias.

– Sabes mi hijo esta estudiando periodismo.

Aquello fue el inicio de un monologo por parte de Oli, en el que me contó su vida. Se caso muy joven, y con 18 años, y un año después se quedo viuda justo un mes antes de nacer su hijo, calcule que debía tener unos 39 años. Me contó anécdotas graciosas de sus viajes y de su hijo. Las luces se fueron apagando quedando muy pocas encendidas, entre ellas la nuestra. Con ello fue pasando el tiempo casi sin darme cuenta, de pronto se por los altavoces el conductor estamos llegando al área de descanso. Algunos de los viajeros comenzaron a moverse, se habían despertado, se estiraron y hubo un murmullo. Oli también se estirazo haciendo que un botón de su blusa se abriera dejando ver su sujetador al completo.

– Oh – simplemente se lo volvió hacia mí para abrochárselo.

Aunque estábamos a finales de junio al salir del autocar hacia algo de frio, vi a Oli tiritar, pero pronto entramos en el bar. Aproveche para ir al lavabo, al volver, Oli me hizo gestos para que me sentara con ella, por cortesía lo hice. Ella se tomaba un te calentito, yo pedí un batido de chocolate.

– Es lo mismo que toma mi hijo – dijo Oli.

Esto dio lugar a que volviera a hablarme de su hijo. No llego a la media hora cuando volvimos al autocar, hubo un cambio de conductor, el otro se puso en un asiento para dormir. El conductor nos dijo que eran casi las 2 de la madrugada, que volverían hacer un alto, sobre las 5, algo más corto para el cambio del conductor, faltaría algo más de una hora y media para llegar al destino, aunque se harían varias paradas para dejar viajeros. También nos informo que si teníamos frió debajo del asiento había una especie de manta ligera.

Oli cogió la manta de debajo del asiento, yo fui ha hacer lo mismo.

– Es mejor que compartamos la manta, es muy grande – dijo Oli.

– Vale – dije encogiéndome de hombros.

Oli me dio una punta para que la extendiera.

– Si te parece bien será mejor que el reposabrazos del medio lo levantemos estaremos mas cómodos – no solo lo dijo Oli, sino que lo hizo.

Se acurruco, incluso posando su cabeza en mi hombro.

– ¿Te molesta?

– No.

A mi vez intente colocarme, creí que no seria muy educado darle la espalda así que intente ponerme recto. No tarde mucho en sentir cierto sopor, me estaba quedando dormido, cuando sentí que una mano me tocaba el paquete, no era un roce casual sino con toda la intención, de tal forma que mi polla reacciono creciendo. Mire a Oli, pues solo ella podía ser la que me tocase la polla de aquella forma, vi su sonrisa, me guiño el ojo.

– Tranquilo, relájate te gustara.

Mire a mi alrededor, todo estaba oscuro o casi, todos dormían, se sentían algunos ronquidos y respiraciones fuertes.

El magreo del paquete duro unos minutos, entonces sentí como me desbrochaba el cinturón, y el botón del pantalón, me bajaba la cremallera muy lentamente, y metía su mano bajo el bóxer y me agarraba la polla y comenzaba a masturbarme.

– Disfruta – me dijo al oído – no te preocupes por los demás, si alguien nos ve que se haga una paja.

No dije nada, mejor dicho no podía decir nada. Pero mi sorpresa cuando metió la cabeza debajo de la manta, y haciendo como que reposaba su cabeza en mi muslo comenzó a chuparme la polla, lo único que se me ocurrió fue poner mis manos encima de su cabeza por encima de la manta para favorecer el ritmo, no tarde mucho en sentir que me corría, mi duda era si ella querría que me corriese en su boca, pero no sabia la forma de preguntárselo, no llego hacer falta en ese momento me corrí, sentí como mi leche salía y ella no se aparto siguió allí tragándosela. Por fin saco la cabeza de debajo de la manta.

– Gracias – dijo muy bajito – sin estas cosas el viaje se hace muy aburrido.

– Gracias a ti.

Volvió a acurrucarse en mi hombro, pero su mano seguía agarrando mi polla y acariciándomela suavemente, lo que hizo que nuevamente se pusiera dura. El resto del viaje lo hice medio adormilado, con mi polla siendo acariciada por una Oli que dormía.

De pronto una voz por los altavoces dijo estamos a punto de llegar a la segunda parada. Me sobresalte.

– No te preocupes ya te la he guardado.

Efectivamente, al final me había quedado dormido, y Oli había aprovechado para meterme la polla bajo los bóxers y cerrarme la cremallera del pantalón.

Los conductores pararon para hacer el cambio, un nuevo conductor subió al autocar y fue el que condujo el resto de trayecto hasta llegar al destino, durante el cual Oli no hablo nada solo me miraba y sonreía.

Una vez en destino saque mí bolsa de deporte, Oli estaba a mi lado intentando coger su maletón, la ayude.

– Gracias, ahora tienes que esperar al nuevo autocar.

– Si, según me dijeron tardara unas tres horas, debo ir a sacar el billete.

– Porque en vez de esperar aquí no te vienes a mi casa.

– No se – dije con cierta duda.

– Creo que después del viajecito en el autocar hay confianza.

Su sonrisa era claro que se refería a la felación que me había hecho.

– Vale, pero solo un par de horas.

– Ok, lo justo para tomar un café y …

Ese “y” sonó mas que provocativo. La seguí, llevando no solo mi maleta sino también la suya.

– Como si estuvieras en tu casa – dijo nada mas entrar y cerrar la puerta – no te apetece una ducha después del viaje.

No sabia que decir simplemente me encogí de hombros.

– Sígueme.

Y la seguí. Subimos al segundo piso, entramos en una habitación.

– Esta es mi habitación, enfrente esta el baño, ayúdame – dijo.

Se puso de espaldas a mi quitándose la blusa, estaba claro que lo ultimo que estaba pensando Oli era en que nos ducháramos, así que le desabroche el sujetador, pero no deje que se girara me pegue a ella, poniendo mi paquete ya bastante abultado en su trasero y cogiéndole las tetas desde atrás.

– Ahora me toca divertirme a mi – dijo medio jadeando.

– Lo del autocar lo has hecho muchas veces.

– Algunas, pero hasta ahora todo se había quedado en el autocar.

– Con eso quieres decir que no has traído a nadie aquí.

– Exacto eres el primero que traigo aquí

– Entonces me tengo que sentir halagado.

– Siéntete como quieras, pero fóllame.

Seguí acariciando sus tetas durante un buen rato, hasta que se giro, pude ver aquella cara de vicio, con la boca entreabierta, jadeando. Acerque mis labios a los suyos, nos besamos y nuestras lenguas se buscaron. Ella con precisión me desabrocho el cinturón, el botón del pantalón y me bajo la cremallera, y como hiciera en el autocar comenzo a acariciarme la polla.

– Increíble, parece mas grande que cuando estábamos en el autocar – dijo separándose de mi.

– Porque ahora sabe que hay un premio mayor.

Oli sonrió separándose de mi, dejándose caer sobre la cama.

– A ver como te comportas – dijo quitándose la falda.

Yo me quite las zapatillas, y deje caer los pantalones, y termine de desnudarme, ella sobre la cama con una mano se acariciaba las tetas, mientras que la otra mano estaba bajo las bragas acariciándose el coño.

– Ven estoy muy caliente.

No me hice repetir la orden, me deje caer junto a ella, mi mano derecha sustituyo a la mano que tenia bajo las bragas, roce el vello púbico, para ir directamente a su raja y acariciar su clítoris y sus labios vaginales, los primeros gemidos salieron de su boca, que aumentaron al sentir como mi boca succionaba sus pezones y mis dientes los mordisqueaban.

– Sigue no pares, métemela, quiero sentir tu polla dentro de mi.

– Todo a su tiempo, disfruta cada momento.

– ¿Sabes lo que haces? – pregunto entre gemidos

Era una pregunta mas bien retorica, pues estaba comprobando que sabia muy bien lo que hacia.

– Ya lo comprobaras.

No dejo de gemir, resoplar y jadear constantemente. De pronto senti como su cuerpo temblaba, se encogía, intentaba cerrar las piernas aprisionando mi mano, pero yo no deje de tocar su clítoris.

– Ya, ya, ya… – dijo relajando su cuerpo.

Había alcanzado un orgasmo, pero yo sabía que no seria el único. Saque la mano de su entrepierna, seguí acariciando y mordisqueando sus pezones que estaban hinchados, mientras lo hacia baje mis manos para quitarle alas bragas, hice que se abriera de piernas, y me coloque de rodillas entre ellas. Me acerque a ella, hice que sus piernas quedaran medio flexionadas a ambos lados de mi cintura, mi polla cerca de su coño, y la utilice para acariciar sus labios vaginales y su clítoris sin entrar en la vagina solo acariciando su entrada, ella resoplaba y se agarraba a la almohada.

– Fóllame, quiero sentirla dentro, no puedo mas.

Debía ser cierto, pues con las caricias había sentido la humedad de su entrepierna, pero ahora no solo era humedad, sus labios menores parecían haber aumentado de tamaño, pidiéndome que la penetrara. Coloque mi polla en la entrada de la vagina, agarre su cintura, la vez que me echaba hacia delante, a ella la atraía hacia mí haciendo que la penetración fuera lenta, y muy profunda. Ella lanzo un pequeño grito al sentirla dentro, sus gemidos aumentaron al sentir como ese pedazo de carne rozaba los laterales de su vagina. Mi estado de excitación era muy grande, sabía que no tardaría en correrme, lo único que podía hacer era intentar retardarlo lo máximo posible para hacer que coincidiera con un nuevo orgasmo de ella, y lo conseguí.

Debido al largo viaje y al esfuerzo realizado, me quede dormido.

Me desperté algo desorientado, cuando logre centrarme mire el reloj eran casi las doce del medio día.

– ¡Mierda! – grite.

– Pasa algo – dijo entrando de pronto Oli.

– Me he quedado dormido, porque no me has llamado.

– Te vi tan dormido, pero no te preocupes si te quieres ir dentro de dos Horas sale otro.

– ¡Buf! Menos mal.

– Aunque yo esperaba que te quedases unos días, como no te espera nadie – dijo, en tono picaresco, quitándose la bata que llevaba puesta y quedandose desnuda.

Y me quede unos días, pero eso es otro relato

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