Visita inesperada

Aquella dama, en cuyo momento no era tal, se desplazaba en pleno centro histórico, tenía en mente muchas cosas cuando de pronto algo captó su atención, de manera que se detuvo varios minutos observando, admirando con morbo y fantaseando con aquel disfraz en el mostrador en la sex shop. Rápidamente entró, una vez hecha la compra se disponía a regresar a sus aposentos. Esa misma noche se probaría el disfraz. Claro que este suceso transcurrió tiempo antes de su primera cita con Edgar.

Una mañana apacible, la luz llenaba por completo el departamento. Carla, pensando en que por fin llegaba el fin de semana, era seguro un segundo encuentro con Edgar. En ese momento después de haberse bañado se disponía a vestir de forma casual. Después de haberse depilado, optó por usar un conjunto de lencería sencillo, la cual consistía en un sujetador, y unas bragas con encaje y malla transparente de la parte trasera, ambos de color rosa, por encima vistió con una blusa blanca semitransparente y una minifalda de mezclilla acompañado de zapatos tipo flat lisos de color beige. Ya que por el momento no pensaba salir de casa, pensó que solo era necesario haberse delineado los ojos y ponerse algo de labial rosa. Posteriormente acomodó su cabello que era corto, quedando de manera femenina.

Carla descansaba en la estancia de su departamento, pensando que haría esa noche, al mismo tiempo sentía un creciente morbo, estaba excitada, el descanso despertaba toda lujuria en ella. Desde luego decidió buscar su consolador, se posó en la cama y se bajó un poco las bragas por detrás. Una vez que untó el lubricante al pene, así como en medio de sus glúteos, Carla se acostó de ladito levantando una de sus piernas y poco a poco se empezó a introducir el consolador. Dicho consolador consistía en un pene rígido de 18 cm de largo, con vibrador y en su base incluía una imitación de testículos. Pensaba en cómo se la follarian de distintas maneras y activó el vibrador. Se lo metía una y otra vez de manera suave con una mano y con la otra se tocaba por delante y encima de sus bragas, pero repentinamente había sonado el celular, un mensaje.

-Hola, ¿Cómo estás? – era Edgar. Carla de inmediato empezó a sentir un cosquilleo en el abdomen.

-Bien ¿Cómo estás?

-Muy bien, espero no te moleste, ando cerca de tu casa. ¿Te gustaría que nos viéramos? De todas maneras, me gustaría salir contigo esta noche.

Un torrente de excitación adicional invadió el cuerpo entero de Carla quien, ya vestida y con un pene vibrando dentro de su colita, empezó a tener una erección, pero no al punto de que se le notara. Aunque no se hacía ilusiones de todas maneras decidió ponerse algo más sexy, pero sin tener que cambiarse completamente. Apagó el vibrador de su consolador, pero lo dejó dentro de su ano, de entre sus nalgas solo sobresalía la base del falo. De inmediato se colocó la peluca, pestañas, así como también decidió ponerse unas medias al muslo con encaje y silicón, de color natural, por último, zapatos de tacón también de color beige como los anteriores.

A la vez que rápidamente se retocaba, entusiasmada contestaba los mensajes. -Si, por mí no hay problema, si quieres aquí te espero.

-Muy bien, en 10 minutos llego.

Para Carla aquella espera se hizo larga, se miraba al espejo una y otra vez. Ardía en sentimientos de deseo sabiendo que tal vez Edgar la vería usando un consolador. Aunque era la segunda vez que se veía con él, se puso nerviosa y ansiosa. Por fin sonaba el celular de nuevo.

-Estoy afuera- dado que Carla no quería salir de día así vestida, respondió el mensaje invitándolo a pasar a su hogar. Enseguida Edgar llamó a la puerta con ligeros toques. Una vez que Carla abrió la puerta quedando frente a Edgar, éste se emocionó de verla, la recorrió con la mirada de pies a cabeza. Edgar sintió que su pene se agrandaba, pero no hizo más que solo saludarla. – Hola ¿Cómo estás?

-Muy bien. ¿y tú?

-También bien, espero no ser inoportuno.

Carla con una leve sonrisa, aligerando la tensión sexual entre los dos, lo invitó a pasar. –Adelante, puedes pasar, no hay problema, por el contrario, me da gusto que vinieras. ¿Qué es lo que te trae por acá?

-Andaba por el rumbo, y quise verte, además de que tengo una idea sobre esta noche.

-Oh, entiendo, si quieres puedes tomar asiento. ¿Puedo ofrecerte algo de tomar?

Edgar se sentó en el sillón observando atentamente las piernas de Carla, mientras ella deliberadamente posaba para él. A ella le gustaba el sonido de sus propios tacones al caminar de manera seductora y disfrutaba cada paso que daba, sabiendo que Edgar tarde o temprano se daría cuenta de los que sucedía en su trasero. Edgar algo más relajado se limitaba a disfrutar la vista que ella le ofrecía. –Tengo algo de sed, un vaso con agua no me vendría mal.

-Enseguida te lo traigo.

-Así que este es tu departamento. Muy apacible y tranquilo.

-Gracias. Aquí tengo tu vaso con agua.

-Muchas gracias, eres una bella mujer.

Carla tomo asiento en el otro extremo del sillón, cruzando la pierna, dejando ver el muslo donde terminaba el encaje de la media, haciendo recordar a Edgar aquella vista de sus piernas en la cita anterior. Ella solo se quedó mirando a Edgar a los ojos.

-Me emociona que te hayas molestado en venir a verme. ¿Cómo te fue en tu semana?

-Mucho trabajo, pero todo en su lugar. De verdad en este momento solo tengo a ti en mi mente.

-Me agarraste por sorpresa. ¿Te gusta cómo me veo?

-La verdad sí. Edgar quiso tomar iniciativa, pensaba que ese encuentro no era planeado, pero valdría la pena y con algo de nervios fue directo con su propuesta. -Me gustaría tocarte.

-A mí también me gustaría, si quieres acércate- Carla respiraba aceleradamente de la excitación mientras Edgar se acercaba a ella. El empezó a tocarle las piernas desde la rodilla hasta el muslo entre las piernas, casi llegando a tocar sus bragas. Entre los dos hubo una mirada, acercaron sus rostros y se unieron en un beso, al principio tímido, pero cada vez más apasionado. Carla empezó a tocar la entrepierna de Edgar, desabrochando el pantalón poco a poco. Empezó a pajearlo por encima del calzón tocando la punta del pene lo cual se había mojado. Edgar tocaba las piernas de Carla con mayor lujuria, le encantaba la textura de las medias sobre las piernas de Carla, mientras ella también desarrollaba de nuevo una erección.

Carla se montó por encima de Edgar sin separar sus respectivos labios. De esta forma los dos penes estaban en contacto y rozándose. Él le subió la falda para manosearle el trasero con las dos manos. Edgar sentía curiosidad por los interiores de ella, Carla dándose cuenta, dejó de besarlo. – ¿quieres ver mi colita? – Edgar afirmó con un movimiento de cabeza, mientras ella se puso de pie frente a él dándole la espalda y mostrándole el trasero con la falda ya levantada. Edgar veía aquel trasero cubierto por la malla transparente rosa de las bragas y notó una protuberancia en medio. Carla se inclinó hasta quedar en una postura agachada.

Edgar sacó su pene y se empezó a pajear ante la vista que le ofrecía Carla, quien a su vez ella se tocaba su pene por encima de las bragas. Aquella acción por parte de Edgar la hizo excitarse más.

De inmediato preguntó Edgar. – ¿Qué es lo que tienes en tu colita?

-Es mi consolador, quería tener el hoyito listo para ti.

-Acércate.

Carla dio media vuelta de nuevo, para enseguida ponerse de rodillas sobre el sofá a un lado de Edgar, posteriormente empezó a pajearlo otra vez mientras se agachaba ahí mismo. Carla veía ese pene con muchas ansias, lo deseaba, empezó por saborearlo con la lengua y chupando la punta. Ella saboreaba el líquido mientras se mezclaba con su saliva. Eran dos penes los cuales estaban dentro de ella. Edgar gemía, le encantaba esa sensación. Metió su mano en las bragas de Carla para acariciarle en medio del trasero. Edgar empezó a manipular el consolador sacándolo y metiéndolo, una tras otra vez. Alternaba su mano para tocarle el pene mojado a Carla y untar su líquido en el ano, alrededor del consolador.

Ahí mismo en el sofá, Edgar se ponía de rodillas mientras Carla estaba en posición de cuatro patas, él movía ligeramente su cintura para penetrar por la boca a Carla mientras el manipulaba el pene artificial activando el vibrador del mismo.

Carla cambió repentinamente de posición, al parecer quería comerse ese pene por completo. Invitando a Edgar a ponerse de pie, mientras ella se colocó de nuevo de rodillas sobre el suelo empezó a succionar con más fuerza mientras que con una mano también sostenía el pene y con la otra se pajeaba ella misma. Edgar solo se limitó a follarla por la boca y con sus dos manos acariciaba los cabellos de Carla.

Carla pasaba la lengua por la totalidad de la superficie del pene, también acariciando los testículos de Edgar. Lamía suavemente uno de los testículos sin soltar el pene, para después de nuevo introducírselo. Carla se alternaba entre lamidas y succión, todo mientras su trasero era estimulado por el consolador.

Edgar tenía su respiración entrecortada. –creo que estoy a punto de venirme-. Ella solo miró a Edgar y gimió mientras chupaba; con la mirada dejó en claro que él, se dejara llevar. Ella saboreaba mientras que Edgar, daba embestidas suaves, se tensaba más y más hasta que eyaculó dentro de la boca de Carla, la cual empezó a escurrírsele el semen por los lados de la boca. Parte del semen se derramó y otra parte lo saboreaba ella. Después, lamió todo el pene hasta dejarlo limpio, así como también su rostro. Después apagó su vibrador y se lo sacó, aunque ella no había eyaculado, había mojado bastante sus bragas por delante por la misma estimulación.

Edgar se volvió a sentar en el sillón, exhausto tomó de la mano a Carla para abrazarla. Los dos se recostaron, él frente a ella. Edgar besó apasionadamente a Carla, para después mirarla a los ojos y acariciarle los labios. -Eres muy hermosa. Espero no decepcionarte, no lo tenía planeado. Vine para invitarte esta noche a una fiesta, no sé si quieras acompañarme, si no te gusta la idea podemos hacer cualquier otra cosa.

Carla se quedó pensando, no sabía que responder dado que ella aun le gustaba la discreción. –no se la verdad, sabes que no me gusta perder la discreción, aún sigo con la idea de que solo tú sabes acerca de mí.

-No te preocupes por eso, la fiesta es de un conocido. La verdad no conozco a nadie más, solo conozco a quien me invitó y lo hizo porque somos compañeros lejanos de un empleo anterior. Al parecer es en un bar, así que nadie te conocerá probablemente ni se dé cuenta si voy o no.

Ella se quedó pensativa. Varios recuerdos empezaron a surgir, uno en específico, aquel disfraz que tanto le gustó. Esa era la oportunidad.

-Si me gustaría, no tengo ningún problema. De hecho, si tengo un disfraz y me gustaría estrenarlo en público.

– ¿Puedo saber de qué es?

Carla se mordió el labio inferior. –Es una sorpresa, espero que te guste. ¿A qué hora puedes pasar por mí?

– ¿Te parece bien a las 8:00?

-De acuerdo aquí te espero, también quiero que tengas muchas energías, porque las vas a necesitar.

-Supongo que entonces me iré a comer algo.

Edgar se puso de pie, vistiéndose de nuevo. En tono irónico le agradeció por el vaso con agua. Carla se bajó la falda y se sonrió ante el comentario. –En la noche te dejaré seco-.

Una vez de nuevo en la puerta se despidieron con un corto y apasionado beso. Una vez que Edgar se retiró, Carla se sentía excitada de nuevo ante imaginar lo que sería de esa noche.

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