Y de repente llegó mi vecino…

Era un domingo por la tarde y mi marido, Mario, había tenido que salir unas horas a la oficina por temas de negocios. Si habéis leído otros relatos sabréis que Mario viaja mucho por trabajo y las horas que le quedan libres las pasa haciendo cosas en la oficina, aunque al llegar a casa lo compensa, y mucho. Ya sabéis. Como iba diciendo, era un domingo por la tarde y estaba sola en casa, llevaba algo cómodo, unas braguitas en forma de culote y una camiseta de tirantes. Algunos pensaréis que no es ropa de ir por casa, pero a Mario y a mí nos gusta estar en casa casi desnudos, nos sentimos más cómodos y relajados.

A media tarde sonó el timbre. No había quedado con nadie, así que antes de abrir miré por la mirilla, más que nada, por ponerme algo encima. Era mi vecino de abajo. Decidí abrirle tal cual iba vestida. Tenemos bastante confianza con él, así que supuse que no le importaría verme así vestida.

– ¿Qué visita más sorprendente? ¿Qué te trae por aquí, Juan? Le dije invitándole a pasar.

– Nada, he tenido un problema y necesito hablar con Mario. Me contestó.

Haciéndole un gesto para que pasara hacia el salón cerré la puerta. Empezar a caminar detrás de él me hizo mirarle el culo. Bueno, realmente se lo miro siempre que me cruzo con él por la escalera, es un culo diferente a los que he conocido a lo largo de mi vida. Lo trabaja mucho en el gimnasio y él sabe que a las chicas les encanta, así que siempre viste apretado, marcando culo y paquete.

– ¿Quieres tomar algo? Mario no está pero podemos esperarle con una cerveza. Le dije.

– Vale, perfecto. Me vendrá bastante bien. Dijo.

Dirigiéndome hacia la cocina a coger un par de cervezas caminé de forma sensual. Ya sabéis que soy muy provocadora, me gusta enseñar mis atributos, porque estoy orgullosa de ellos y lo mío me cuesta en el gimnasio. Sé que cuando caminaba Juan estaba mirándome el culo que asomaba por debajo del culote.

– Por cierto, perdona que te haya recibido así, no esperaba ninguna visita y me gusta ir cómoda por casa. Le dije volviendo de la cocina con las dos cervezas en la mano.

– Tranquila, no pasa nada. Además, cuanta menos ropa llevéis las chicas, mejor para nosotros. Me contestó guiñándome un ojo.

He de confesar que ese guiño de ojos me hizo mojar las braguitas. No sé porque me puso muy cachonda, y él lo notó.

– Bueno, tú dirás o, ¿prefieres hablar con Mario? Le dije invitándole a contarme su problema.

– Sí, realmente buscaba a Mario. He tenido un problema en uno de mis negocios y espero que él pueda solucionármelo. Me contó.

– Ah, pues entonces lo esperamos, no creo que tarde mucho en volver de la oficina. Ha ido a arreglar unos asuntos para esta semana. Le dije.

En ese momento empezamos a hablar de otras cosas, tópicos de vecinos más que nada. Aunque, al pasar los minutos la conversación se fue desviando y empezamos a hablar de temas más personales, de relaciones de pareja y de cosas más íntimas.

– Se nota que a vosotros os va bien. Muchas veces os oigo desde mi casa, lo pasáis en grande. Me dijo.

– Jajajaja. La verdad es que no nos podemos quejar, vivimos en un polvo continuo y cuando Mario viaja, lo paso realmente mal. Menos mal que mis juguetitos me ayudan a pasar los días con más rapidez. Le contesté un poco avergonzada sabiendo que oía todo lo que sucedía en mi cama.

– ¿Utilizas juguetes? Siempre he tenido la curiosidad de probar a usarlos en mis relaciones, pero ninguna chica ha querido. Me comentó.

– Pues son lo mejor. Nosotros solemos usar en pareja y por separado, ayudan a conocer mucho mejor los gustos de la otra persona. Le dije.

– ¡Menuda suerte tiene Mario al encontrar una chica como tú! Me dijo.

Mientras me decía la última frase noté como sus ojos se clavaban en los míos y bajaban hasta mi camiseta, dónde se marcaban mis pezones duros desde hacía un buen rato. La conversación me estaba llevando a un estado de embriaguez sexual, que la podría haber calmado al llegar Mario a casa, pero no quise. Quería una nueva aventura en mi vida, quería tener sexo con mi vecino, quería que todas mis fantasías con ese chico se hicieran realidad, así que pasé a la acción.

Sin pensarlo me acerqué a su boca, él no opuso resistencia y después de darnos un largo beso llevé mis manos hacia la bragueta de su pantalón, el que desabroché con la mayor rapidez que pude. Le desnudé poco a poco y bajé mi boca hacia su polla, erecta y a punto de explotar. Era una polla grande y bastante gorda, de unos 20 cm pero sobretodo de un grosor considerable. Empecé a chupársela poco a poco, empezando por el glande y bajando poco a poco hacia abajo, intentando mantenerla entera un mi boca. En ese momento él llevó sus manos hasta mi culo, rozando mi clítoris a través de mis braguitas. Estaban completamente mojadas, esa situación me había puesto muy cachonda.

– Oye, a ver si viene Mario y nos pilla. Me dijo Juan.

– Tranquilo, Mario conoce mis aventuras y le encantan. Si llega, lo más seguro es que se apunte a la fiesta. Le contesté apartando mi boca de su glande y moviendo con mis manos su polla todo lo rápido que pude.

Él me apartó las braguitas y empezó a acariciarme el clítoris, metiendo un dedo dentro de mi coño, siguiendo con dos y llegando a meter hasta tres. Iba cambiando la intensidad a medida que se iba relajando. Yo jugaba con su polla entre mis manos y mi boca, la tenía completamente mojada, le acariciaba los huevos y seguía con el juego. Lo miraba a los ojos y escupía por ese enorme tronco mientras lo pajeaba haciendo pequeños giros de muñeca, la apretaba notando como su cabeza se hinchaba, esa sensación les encanta a los chicos.

– Como sigas así me voy a correr en dos minutos. Dijo como pudo Juan

Paré y me quite el culote mientras él se ponía cómodo en el sofá.

– Me has puesto muy cachonda y me las vas a pagar. Le susurré al oído.

Puse un pie a cada lado de su cintura y cogí su polla con mi mano, me fui pasando esa enorme cabeza por toda mi rajita, estaba muy mojada y quería que él lo notara. La empapé toda y me la metí centímetro a centímetro. Gemía de placer al igual que él.

Juan puso sus dos manos en los cachetes de mi culo y empezó a darme pequeños azotes que me pusieron a mil…..ahora era él el que me follaba a gran velocidad.

– Me voy a correr Ana.

– No, aún vas a aguantar un poco más.

Como soy un poco mala me levanté e hice a Juan levantarse del sofá. Me acosté en él con la cabeza colgando.

– Fóllame la boca. Le pedí con deseo. (Los que habéis leído mis relatos anteriores sabéis que me encanta que me follen la boca y me hagan brotar la lagrimita)

No se lo pensó dos veces, Juan poco a poco fue metiendo su polla en mi boca. En esta posición me llegaba hasta la garganta y poco a poco empezó a follarme la boca. Las primeras lágrimas se me caían por toda la cara. Me gustaba, o mejor dicho me encantaba.

Acercó su mano a mi mojado coño y empezó a masturbarme a gran velocidad. Así estuvo un minuto más o menos, le di un pequeño golpe a la pierna para que parara. Se separó de mí sacando la polla de mi boca, estaba empapada, la polla brillaba y estaba llena de mi saliva.

– Joder Ana, nunca me habían hecho eso.

– Siempre hay una primera vez. Dije orgullosa mientras me incorporaba.

Me quede en el sofá con las piernas levantadas, él lo entendió perfectamente. Acercó su polla a mi coño y la metió de golpe.

– UUUUUUMMMMM. Gemí.

Empezó a bombear a gran velocidad, mis gemidos se oían por toda la casa y posiblemente por toda la comunidad de vecinos, pero no me importaba, Juan era un buen follador y jugaba con mis piernas como quería, se las ponía en sus hombros mientras bombeaba. Menudo aguante tenía el vecinito (pensé para mis adentros) De repente me cogió fuerte de mis tetas y noté como sus huevos chocaban fuertemente contra mi culo.

– Me voy a correr Juan, sigue cabrón sigue.

– Ana y yooooooo.

Noté como un fuerte chorro me llenaba toda por dentro y un calor me recorrió todo mi cuerpo.

– AAAAAAA joder, diosssssss me corroooo. Empecé a gritar.

Juan bajo el ritmo de sus fuertes bombeos y caricias mientras yo notaba como el hilito de semen bajaba hasta mi agujero del culo.

Quedé exhausta en el sofá mientras Juan se levantó y se fue al baño. Cuando me sentí un poco recuperada cogí su ropa y se la llevé al baño.

– Tendrás que subir más a menudo. Le dije mientras le pegaba un beso en toda la boca y con la mano le acariciaba la polla ya en estado de reposo.

– Uy vecinita, eso me lo tendrás que pedir por favor. Dijo en plan arrogante.

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