¿Y porque no? En un paraíso parte 1

Con la tibieza de la noche encima cruzamos un césped perfectamente alineado. Seguimos andando por un caminito de cerámica de mármol, hasta llegar delante de un lugar extraño. Parece un trozo de jungla salvaje, de maleza y lianas. Todo el mobiliario es de madera, tallado a mano, la decoración es obra de un gran arquitecto, es asombroso. Decidimos sentarnos para investigar con la mirada y tomar la temperatura ambiental (Jeje). Enseguida un camarero de traje blanco nos trae una carta compuesta por los alcoholes más caros del mundo. Nos decidimos los cuatro por un champán Louis Roederer Brut Premier, uno de los mejores champanes del mundo. Estamos como niños, fascinados por la belleza del entorno, de los cuerpos bailando o follando bajo el juego de las luces coloridas.

Hace mucho calor, por suerte una ligera brisa entra por todas las aperturas del vestido para rozar y refrescar mi piel

Christian nos pide atención:

-¡Mirar! El hombre que se acerca es el dueño de este paraíso.

Es un hombre medio alto, la cincuentena bien llevada, sus andares y su porte describen un caballero elegante, respetable. Vestido como todos los hombres, lleva una máscara de color oro, se para a mi lado:

-¡Buenas tardes! Queridos

-¡Buenas tardes! Contestamos al unísono

-¡Con vuestro permiso…! Coge una silla y se sienta a mi izquierda

-¡Caballeros! Con todo mi respeto, estáis muy bien acompañados, vaya bellezas, dice señalándonos a Hannah y a mí, con un leve movimiento de mano

-¡Es cierto! Contesta Christian con una sonrisa de oreja a oreja

-¡Tenéis toda la razón, un brindis por ellas! Añade Stone levantando su copa. Brindamos todos.

El hombre se inclina hacia a mí y me murmura a la oreja:

-¡Eres guapísima!

El champán ya me hace efecto, estoy mareada, contesto unas gracias apenas audibles

-¡Amigos! Dice el hombre, no nos conocemos, pero os doy la bienvenida en mi isla. Poca gente tiene la oportunidad de participar en esta velada y os deseo vivir una experiencia inolvidable.

Varias veces le sorprendo mirando hacia mi escote. Basta inclinarme un poco hacia delante para coger mi vaso o moverme en el asiento para enseñar mis curvas más íntimas. De manera repetida y torpe intento esconderlas de la mirada de mi vecino más cercano.

Mientras habla, el mismo vecino pone su mano derecha encima de mi rodilla, la presiona firmemente como para hacerme entender que en este momento es mi amo y yo su sumisa. No me agrada la idea, podría simplemente apretar mis piernas una contra otra, pero, sin explicarme porque, no me atrevo a hacerlo. Su mano va ascendiendo lentamente a lo largo de mi muslo, se para, lo manosea, mientras sigue con total naturalidad:

-Un gran amigo mío os a invitado y por eso no dudéis en pedirme lo que sea, os considero como invitados “Vip´s”

-¡Os lo agradecemos! Dice Stone bebiendo un trago

-¡Es muy amable! Añade Christian, su isla es un paraíso encantador

Ahora su mano roza los labios de mi vulva. Creo que ni Stone ni nadie se ha dado cuenta de lo que pasa, del sobresalto que he dado cuando sus dedos han llegado a mi zona más íntima. Me siento muy incómoda, pero no hago nada para detenerlo, apenas consigo levantar el busto y acercarme a la mesa para protegerme de la vergüenza que pasaría si alguien se enterase de la situación. El hombre sigue relajado contestando a Stone y Christian:

-¡Gracias! Me alegro que os guste -¡Por favor, un brindis! ¡No existe el amor, sino las pruebas de amor, y la prueba de amor a aquel que amamos es dejarlo vivir libremente! ¡Por el amor y la belleza!

Bebo un traguito de champan y enciendo un cigarrillo, me dejo vencer por la parálisis que me procura esta caricia, sus dedos entran en contacto con la humedad de mi vulva, me estremezco. Todos hablan, no se enteran de mi cambio de actitud, de la incomodidad paso a apartar más mis piernas para que pueda acariciarme sin forzar sus gestos, es híper excitante, como jugar al escondite haciendo algo malo

Me pellizca el clítoris, disimulo un estremecimiento, cruzo la mirada con Hannah, me hace un guiño chupándose un dedo, ella sabe, esbozó una sonrisa fugaz

-¿Vives aquí todo el año? Pregunta Hannah al “palpador”

Mientras me penetra con sus dedos, el hombre educado contesta:

-Cuando mis ocupaciones me lo permiten, me encanta volver aquí para descansar y si me encuentro con una belleza como tu…Orienta su mirada hacia nuestros hombres y menciona: “con todo el respeto señores”, y vuelve a mirar a Hannah, sería el reposo más sensual que se puede soñar

-¡Jajaja! Hannah se ríe levantando su copa, ¡Es un placer hablar con un caballero, espero disfrutar de su compañía más adelante!

-¡No lo dudes! Será un inmenso honor para mí compartir un poco de tu tiempo

De repente mi vecino aprieta mi monte de Venus con la palma de la mano antes de alejarla de mi entrepiernas. Me invita a levantarme :

-Por favor ¿me concedes el honor de este baile? Me pregunta con voz alta para que todos se enteren

Sin contestar me levanto, ayudada por su brazo, mientras apago mi cigarro en un gran cenicero de madera.

Siento la mirada de Stone seguir mis pasos

Empezamos a movernos lentamente, el orquesta toca un blues, nos movemos lentamente a dos metros de nuestra mesa. Alrededor hay gente bailando, otros follando, es como una obra de teatro erótica, todo invita al amor. Estoy nerviosa, cierro los ojos y me dejo llevar por la música y los brazos que me guían

-¡Me encantas! Me murmura al oído mientras su mano diestra roza mi piel y envuelve mi seno izquierdo

Miro a Stone, Christian tiene una mano entre las piernas de Hannah

-¿Te gusta mi paraíso? Me pregunta el hombre con la máscara de oro

-¡Por supuesto! Tendría que ser uno muy tonto para quejarse, contesto con media sonrisa para darme un aire de seguridad mirándole a los ojos, pero noto mi voz vacilar. Siento mi pezón endurecerse

-¡Sois españoles! ¿De dónde?

-¡Mi marido y yo de Alicante, mis amigos de Canarias! Farfullo intentando controlar el temblor que coge posesión de mi cuerpo

Mi seno reposa en la palma de su mano, con la punta de los dedos pellizca mi pezón. Su boca roza mi ojera:

-¡Tus pezones son como frambuesas entre mis dedos, me muero par probarlos!

Acompañando la palabra al gesto se agacha, saca mi seno por debajo de la poca tela que lo cubre y le da un beso mamándome el pezón

Me estremezco, intento mirar a Stone, pero ya no lo veo en la oscuridad.

-Delicioso, me encantan tus pechos, son perfectos, susurra mirando mi seno reposar en su palma, me lo acaricia con el pulgar, cierro los ojos

De repente me coge la mano diestra, la acerca hacia la apertura lateral de su vestido, la guía para entrar bajo la tela y me la coloca encima su verga erecta. No tengo ninguna reacción, me dejo llevar por su oportunismo. Sigue hablando moviendo mi mano con lentos gestos a lo largo de su erección.

-¡Alicante no lo conozco, pero me encanta Andalucía, voy muy a menudo por allí y Canarias es espectacular!

-¡Siii! Es lo único que me salé, estoy aturdida

Miro hacia la mesa buscando a Stone pero con los juegos de luces distingo solo sombras

-Tu amiga y tú sois muy guapas, me dice probando un poco más mi pezón

-¿Por qué me has invitado a mí? Runruneo sin abrir los ojos

-Porque me has hechizado con la mirada y la noche será larga, tendré tiempo de encontrarme con la muñeca rubia

Ahora deja mi mano seguir sola la masturbación y me acaricia la espalda, tirito

-Me encanta tu piel, tu cuerpo entero es una obra maestra, discúlpeme pero cuando tengo una mujer en mis brazos, es como tener una creación de arte, hay algunas que no valen nada y otras como tú que no tienen precio, no puedo evitar comparar y valorar

-¡Vaya, vaya! ¿Así ves a las mujeres?, me atrevo a contestar mirándolo a los ojos, -¿Y por cuanto me comprarías? Le pregunto con el ceño fruncido y una falsa sonrisa nerviosa apretando un poco más su pene

El sin vergüenza se ríe:

-¡Jajaja! Por favor no te lo tomes a mal, respeto muchísimo a las mujeres, sois el sol, el agua, el fuego y la tierra de este planeta, lo único que nos queda a nosotros, los hombres, es veneraros. Ahora mismo soy consciente del privilegio de tenerte en mis brazos y que tengas mi pene en tu mano… ¡Pffff! ¡Sigue así me encanta!

No me surge nada que contestarle, me impresiona este hombre. Tiene una voz grave, potente, solemne. Irradia certeza, confianza, seguramente no es lo que parece pero ahora mismo estoy seducida. Deslizo mi mano hasta sus testículos, son suaves, levemente blandos, los manoseo

-Y para contestar a tu pregunta, haría un cheque en blanco para comprarte, si fuera posible, añade el hombre apretando un poco mi seno prisionero en su mano

El semen que brota de su punta ayuda al deslice de mi mano, sus testículos, como su erección que masturbo lentamente, se ponen duros como piedras. Seguimos moviéndonos al ritmo sensual del blues. Su mano izquierda soba mi nuca y mi espalda desnuda en caricias suaves, baja hasta el nacimiento de mi ralla, tirito, presiono su verga, siento sus latidos en mi palma acelerarse, su mano se desliza hacia mi muslo, lo acaricia, empieza a subir, rozar mis nalgas, empalmarlas…

Desatiendo a su verga, me aparto un poco y alejo su mano de mi culo

Lo miro a los ojos:

-¡Necesito un par de copas más, lo siento!

-¡Por supuesto! me dice el gentleman… ¡Te acompaño!

Volvemos a la mesa…

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